domingo, 24 de julio de 2011

Domingo rojo. Tractocile: El regreso



Crónicas desde Can Ruti (XIII)

Hoy faltó poco para que nacieran. María con contracciones otra vez, fuertes. La bajaron a Urgencias y la monitorearon. Decidieron, pues, reiniciar el tratamiento intravenoso que frena las contracciones, ya que el cuello del útero no dilata. ¡Y resultó! En pocos minutos, el alivio era evidente.
Otra vez en Planta, seguimos esperando, tal vez, una semana más. Es muy posible que nazcan el día de mi cumpleaños, el día 30. Sería un gran regalo. Aunque también esa fecha está señalada en el calendario de la Revolución: Es el día de los mártires en Cuba. Lo sé bien: mi onomástico no tenía cines ni cabarets en aquella adolescencia preñada de vicisitudes. Pensándolo con tiempo, es imposible encontrar una fecha sin alguna connotación épica, sin ese marcaje patriótico inoculado en mi generación. Por supuesto, no ha servido más que para extrapolar sentimientos y recuerdos, ahora que me encuentro tan lejos y que mis hijos, catalanes, tendrán otra fechas circuladas en rojo en el colegio; mucho menos fechas que las que tuve yo.
Viendo a María sufrir con su dinámica de parto, mi entramado histórico dibujó a una heroína en su apogeo, una mujer emancipada, Vanguardia Nacional del Trabajo, dedicando sus horas de descanso a la producción proletaria.
Como dato curioso, me vino a la mente el saldo de esta operación, según los datos amablemente ofrecidos por el Doctor Luna: Solo el tratamiento de Tractocile cuesta unos 600 euros diarios, más el ingreso, lo que sumaría unos mil en cada jornada.
Todo esto lo cubre la Seguridad Social.
El objetivo es que los niños estén dentro del vientre todo el tiempo posible. Me ha dicho el Doctor Luna, excelente ginecólogo, que el coste diario en Neonatología (sala de prematuros) sería el doble, pero que alargan la incubación materna no por eso, sino porque, aseguró, primero está el enfoque humano.
De modo que Lucía y Marc serán prematuros -creo yo-, pero no tan bajos de peso como se pensó en un principio.
María tiene ahora 32 semanas cumplidas (siete meses y algo más) y pudiera llegar a las 34.
El reto no solo es de ella: El Doctor Luna y su equipo buscan su recompensa en un almanaque que solo trata de sumar días, sin connotaciones políticas. El del mal rollo, entonces, debo ser yo.

(Continuará…)

Foto del autor
Escultura en forma de tacón de aguja realizada con utensilios de cocina. Paseo de Gracia y Diagonal, en Barcelona, Jornada Cultural artística de Portugal.

María cenó hoy (dieta dirigida rica en fibra):
Mongeta verda amb patates
Pollastre plantxa amb arròs
Fruita (Kiwi) i pan envasat
24/07/20011

viernes, 22 de julio de 2011

Esperar, sentir, tocar


Crónicas desde Can Ruti (XII)

El subidón de adrenalina ha sido necesario pero también contraproducente. Retroalimentación, eso sí, de uno mismo. Como si uno fuera dos, o quizá tres, o cuatro. Varias perspectivas de lo que hemos sido y hacia dónde vamos. La responsabilidad de cuidar a unas criaturas que no han elegido llegar a este mundo; todo un mar de sensaciones en nuestras manos, soltando y recogiendo nervios. Mirando a un Mediterráneo real, desde la ventana.
Siempre, como último pensamiento, queda la certeza de que no estamos solos.
Hay, por lo menos, dos Cristina embarazadas, luchando, como nosotros, por ganarle la partida a esta montaña. Las muchachas albergan miomas en su vientre, abscesos que están desde antes y que las hormonas se encargan de estimular. Pero la felicidad de dar vida es la fuerza motriz. Viéndolas sonreír, no caben dudas de que vencerán a sus fibromas, con paciencia, alertas para no despertar al monstruo. ¡Déjalos! –ha dicho una-, ¡ignóralos y mira por la ventana!
Todo cambia cuando esperas un hijo. Cuando esperas dos, la adrenalina alcanza niveles más altos. Se te olvidan las vacaciones, los veraneantes, los chiringuitos, los tonos de piel y, en fin, ese mismo mar que está detrás de la ventana.
Te regalan la fotografía de tus hijos en tercera dimensión. Los ves como serán. ¡Qué adelanto! Entonces te adelantas a pensar en ellos. Sería una represión no hacerlo. Pero existe la posibilidad de compaginar los campos virtuales con los terrenos fértiles que María expone para mí.
Me toma de la mano. ¡Aquí están!, dice. Las criaturas nos sienten, nos reconocen. Responden al estímulo. Nos saludan. Saben que no somos su monitoreo sino un enjambre de nervios, sentimientos, creadores dialogantes, esperadores dóciles. Viajamos en la montaña rusa. María y yo, liberando tensiones que tuvieron sentido alguna vez. Despojándonos de trastos, puñetas, manías crónicas, dejando el vacío intocable para ellos.
Es increíble: Hemos acariciado sus espaldas y sus pies.
Con eso basta. Creo.

(Continuará…)

En las imágenes, de arriba a abajo, Lucía y Marc. 32 semanas. Hubo un momento en que parecía que no llegábamos. Si la Naturaleza es grande, la Ciencia también.

Menú de hoy de María
Dieta rica en fibras

GI 19A (CR) GINE
BÀSICA
Mongeta blanca estofada
Pollo a la plantxa amb pastanaga
Panet integral envasat
Pera en almívar
22/07/2011 Comida

jueves, 21 de julio de 2011

¡Bendita Doppler! Magnífica Anita


Crónicas desde Can Ruti (XI)

Los niños nacerán a finales de mes. Tenemos que replantearnos las fechas. Seremos tres leones en casa, equilibrados por el sosegado rigor de María, que es Aries. Las cuentas parecen más claras a partir del resultado de la Ecografía Doppler realizada esta mañana: El pequeño Marc ha engordado 200 gramos, de manera que sus esperanzas de madurar dentro del vientre materno crecen, junto con las esperanzas nuestras.
Paradójicamente, Marc multiplica sus esfuerzos en salir de su bolsa amniótica. Está colocado en el mismo lugar desde hace días: De cabeza, en el bajo vientre, en el umbral de esa puerta que su mamá mantiene cerrada, porque María no dilata. El seguimiento de un embarazo gemelar, hoy en día, con todas las técnicas modernas aplicadas, con el desafío de los médicos con tal de aguantar todo lo que se pueda, parece un filme de ficción, un thriller. Suspense, capítulo a capítulo, trabajada la dramaturgia para que los personajes maticen sus expresiones; un encabezamiento, un nudo, un desenlace que está por ver, sin descuidar los momentos de giro -¡aquellos picos en los diagramas del monitor cuando hay contracciones!- que garantizan el entretenimiento.
¡Cuántas veces hemos bajado a Urgencias y cuántas estuvo avisado el pediatra de guardia!
La Ecografía Doppler dice que el riego sanguíneo en la placenta y cordón de Marc suministran nutrientes, pocos, pero, según nos dieron a entender, vale la pena esperar. El pequeño ha alcanzado los 1.400 kilos.
Lucía tiene unos mofletes asombrosos. Pesa 2 kilos. Todavía no se sabe bien por qué tanta diferencia entre ellos. Lo que sí está claro –nos dijo La Rusa a las nueve de la mañana en la sala oscura de Can Ruti- es que la niña, desde el principio, se posicionó mejor. Esto quiere decir que, aunque existan dos placentas, dos bolsas amnióticas, dos cordones umbilicales, hay una zona uterina de mejor absorción. ¡Y ahí se afincó ella!
La Rusa es una dulce mujer de Europa del Este. Se llama Anita. Todavía no sabemos exactamente dónde ubicarla, si en el paraninfo de las diosas de la fertilidad o simplemente en la cola del pan, como diría alguien poéticamente para resaltar la sencillez. Su mirada –lo habíamos dicho antes- es un magnífico desayuno para remontar días y horas.
¡Ah, esas manecillas del reloj!
Puestos a esperar hasta las 36 semanas –estamos en la 32 cumplida-, Anita nos hizo un regalo: Los rostros de Marc y Lucía en tercera dimensión, ya crecidos, con sus rasgos personales, con su diferencia de volumen que será el hándicap prematuro, pero, como se ha podido demostrar a lo largo de la vida, estos arranques no tienen por qué ser definitivos.
María está feliz. Adolorida pero feliz.
Es una mujer fuerte y a la vez pequeña de estatura. María es un molino de energías capaz de reinventarse en los desayunos, capaz de perder fuerzas, de regular aspavientos y luego transferir vitalidad, en pos de mí, de los niños, en fin, de todo esto que estamos contando hace casi un mes. María es un grano de maíz donde cabe toda la gloria del mundo, como diría el poeta.

(Continuará...)

Foto del autor
Un plano robado. Dos comadronas de Planta en pleno monitoreo materno/fetal. Las unidades de atención al paciente en Can Ruti están reivindicativas, pegan carteles en los ascensores, pero no abandonan jamás el magnífico cuidado al paciente. Hay recortes de personal en Sanidad. Una medida del nuevo Govern de Catalunya pretende así sanear las finanzas. Esto no quiere decir que decaiga el estándar de calidad en la Seguridad Social autonómica, sino que, con menos, se mantiene.

Nota: En la próxima crónica publicaremos las fotos en tercera dimensión de Marc y Lucía.

Menú de María rico en fibras
GI 19A (CR) GINE

Paella verdures
Rodó de vadella
Pante integral envasat
Fruita
21/07/2011 Comida

lunes, 18 de julio de 2011

Marc. Su carta astral está en los pasillos



Crónicas desde Can Ruti (X)

La luna llena sobre el techo del hospital nos quería decir algo. Suponíamos que era un mensaje astral, como en efecto fue. A estas alturas, con todo lo aprendido en el tránsito de la vida, no podemos obviar ninguno de los paisajes que se presentan en esta montaña, luego de tres semanas batallando por el mejor de los alumbramientos posibles para Marc y Lucía.
He decidido nombrarlo a él primero. Ella, su hermana, me lo perdonará.
Esta mañana, el doctor Lecumberri, jefe del team médico de Obstetricia y Ginecología, se acercó a la cama de María con todas las cartas sobre la mesa. La confirmación de que Marc no crece es una realidad de nuestras barajas. Los análisis de sangre lo demuestran, pero, por delante de todo, está la Ecografía Doppler, aplicada en sesiones anteriores sin que nosotros supiéramos su importancia.
Es un ultrasonido inocuo con el fin de comprobar el flujo sanguíneo en la placenta y cordón umbilical de los fetos, una prueba de contraste de color que, increíblemente, alcanza a medir la irrigación de los bebés durante el embarazo. Los facultativos, en este caso, no habían dicho nada. Hasta hoy.
Contacté al doctor Lecumberri en el pasillo. Me habló de una diferencia muy grande –medio kilo- entre los mellizos, por lo que, seguramente, me dijo, tendrán que extraerlos en días próximos, para salvar a Marc.
-¿Y entonces qué?
-Neonatología se encargará. De eso puedes estar tranquilo- respondió a mi pregunta con amabilidad pero sin atisbos de paternalismo.
Los médicos suelen referirse a su trabajo con profesionalidad. Incluso se refirió a los fetos sin distinguir sexos, algo que, para los padres, resulta sumamente importante por la proyección de futuro que nos viene de adentro.
María lloró. Faltaría más.
Estuvimos abrazados un buen rato pero solo como reacción a la noticia de una cesárea que está al doblar de la esquina. Hoy en día no es tan dramática la prematuridad, pero, claro, en estas crónicas estamos hablando de los nuestros.
Anoche subí a la Planta Séptima a visitar a los mellizos de Sonia, también de ambos sexos, que ya los tuvo este fin de semana a través de un parto vaginal. Todo va saliendo, a su tiempo y con las circunstancias de cada cual. Están bien: Los nombraron Georgina y Dìdac.
Creo que los médicos han llevado correctamente nuestro proceso, con la discreción hasta donde ha sido necesaria y con el tiempo en una muñeca; haciendo juego de manos para convertir las horas en gramos. Hasta donde se ha podido.
El jueves que viene volveremos a la Ecografía Doppler, a ese pastel de colores que alguna vez vimos en pantalla sin saber qué era. Será definitiva para, entonces, programar una cesárea y dar entrada a nuestros niños en la Séptima Planta.
María y yo hemos firmado un pacto de amistad con el tiempo y nos hemos confesado a la luz de la luna. Mucho antes de todo esto.

(Continuará…)

Foto del autor tomada en los alrededores de Barcelona

María cenó anoche su dieta rica en fibras:
Amanida espirals amb pinya, pernil y maionesa
Pollastre trocejat amb peres
Panet integra envasat
Fruita
17/07/2011

sábado, 16 de julio de 2011

Algunos médicos sueltan prendas



Crónicas desde Can Ruti (IX)

El jovencísimo Doctor Adrià, de guardia ayer, se empapó con nosotros. María lo presionó con esa mirada en contrapicado, digna de compasión, desde la cama, esa mirada todopoderosa que tienen las embarazadas. Más aun las gestantes de embarazos múltiples.
-Prefiero que me hablen claro. Estoy dispuesta a todo menos al silencio. ¿Qué tiene el niño que no coge peso?- preguntó, grosso modo, al facultativo.
El ginecólogo se sentó a su lado, en el bordillo de la cama. Yo había salido para dejarles intimidad, aunque me habían autorizado a quedarme. Fue María quien me reprodujo la conversación:
Resulta que Marc, el pequeño Marc, parece tener un cordón umbilical estrecho, de poco calibre, digamos. Y por eso no le pasan los nutrientes necesarios. Esa es una posibilidad. La otra, que haya más capilares ramificados en la placenta de Lucía.
El Doctor Adrià prefiere esperar una semana más para ver si Marc engorda algo; de lo contrario, extraerían a los muchachos y todo habrá terminado.
Bueno, el alumbramiento, luego de un mes en el hospital, habrá ocurrido en ese caso, pero quedarían en lo adelante unas cuantas semanas de incubadora.
Parece ser que la hipótesis maternal de María tiene algún fundamento: El niño está de cabeza, encajado en el bajo vientre, dispuesto a salir, porque adentro no encuentra más crecimiento. La naturaleza es sabia, pero esto, repito, no es más que una suposición de la madre.
Ya María ha cumplido las 31 semanas y comienza a vivir la 32. Todos los embarazos gemelares no son iguales. En el mismo pasillo está Sonia, también con dos niños dentro y también de ambos sexos. Sonia está en la semana 36 y sus hijos no quieren salir. Le han quitado toda la medicación y le han dicho que camine. Ella, más alta y más delgada que María, deambula por los corredores esperando una señal. También hace una escala técnica en nuestra habitación para saludarnos, para ofrecerle ánimos a María.
A nosotros solo nos resta esperar.
Ahora es menos duro el paso del tiempo. Ya estamos acostumbrados a los espacios del hotelito, a que cambien las sábanas diariamente, a que, cada veinte minutos, incluso de madrugada, entre una enfermera preguntando si necesitamos algo.
María lee un libro en francés, la novela Odette Toulemonde, de Èric-Emmanuell Schmitt. Yo leo a Reinaldo Arenas en la compilación de cuentos Adiós a mamá. Ya sé que no es ideal para estos momentos, pero este libro cayó al suelo desde mi estantería, mientras buscaba algo para traerme a Can Ruti. Me dejo llevar por los simbolismos, algunas veces.
La España Profunda nos ha dicho que no montemos las cunas hasta que los niños nazcan. En realidad, no las he montado por falta de tiempo, por finalista, pero lo cierto es que aún están plegadas en sus cajas de IKEA.
Claro, con estos acontecimientos tendremos largas sesiones de incubadora o, si se tercia la historia, en casa hay, además, dos moisés esperando.

(Continuará…)

Foto del autor
Cunitas móviles, preparadas en Planta para los nacimientos.

Ya María no escoge menú a la carta. Le han ordenado dieta rica en fibra. Ésta viene directa
GI 19A (CR) GINE
BÀSICA RICA EN FIBRA
Amanida destil
Gall dindi forn amb salsa de poma
Panet integral envasat
Fruita
15/07/2011 Cena