viernes, 5 de julio de 2013

Barry Manilow: Hibernatus en la pantalla



El piano man que endulzó las noches de nuestras escuelas al campo, en los ochenta trasnochados, apareció en la tele norteamericana como estrella central de un show que transmitieron anoche desde el Capitolio, en Washington, celebrando el 4 de Julio.
Barry Manilow estuvo y está en nuestro imaginario permanente, mezclado con sambumbia , salsita y arroz con pollo; o siendo exacto: mezclado con agua de chícharos y pescado en lata, que era lo que nos daban en los campamentos.
La memoria, más justa que muchas manifestaciones de la vida misma, tiene al vocalista en un altar, por ser uno de los precursores del primer amor, del besito furtivo en los labios, del agarrao por la cintura que luego, tristemente, desaparecía cuando ella te subía las manos.
A Mandy (1973) no había Dios que se resistiera, ni Diosa, por muy divina. Esa canción solía entrar a altas horas de la noche, precisamente con esa sambumbia que teníamos por ron haciendo olas en la mente –esperándola-, y por supuesto en las pieles de gato de aquel entonces.
Una novia cuyo nombre me reservo debe acordarse de que iba a visitarla atravesando campos solitarios, bajo la luna llena, y de que llegaba antes o cuando estaban poniendo Mandy.
Así era el amor, entonces, de juguetón, terrible también cuando no era correspondido.
De Barry Manilow se sabía que era un rubio narizón con la boquita apretada, pero nada más. Era, además de Mandy, Copacabana, y Copacabana no significaba un lugar a la orilla del mar, sino una conga.
Con la conga dábamos la vuelta al campamento en una especie de orgía, y para finales de la canción ya habíamos corrido a las casas de tabaco y habíamos olvidado Mandy, más que todo porque no hacía falta para nada.
En fin, que Barry Manilow era un espectro divino. O mejor dicho: una voz.

Foto: Barry Manilow anoche en la televisión norteamericana




jueves, 27 de junio de 2013

Vuelve Josefina la viajera


Con notables cambios de escenario, la obra subirá el viernes 12 de julio y estará todo el mes en cartelera de Miami



El monólogo que Abilio Estévez escribió para la actriz Grettel Trujillo, Josefina la viajera, volverá a escena el 12 de julio en la ciudad de Miami, esta vez en salones de la casona del Miami Hispanic Cultural Arts Center, MHCAC (Centro Cultural de las Artes Hispanas de Miami), situado en la histórica Casa J. W. Warner (111 SW 5th Ave, Miami) que data de 1911. El inmueble, considerado patrimonio de los Estados Unidos, funciona como sede artística, dirigido por el cubano Pedro Pablo Peña.
Según declaró a este blog la propia actriz, el espectáculo de teatro, bajo la dirección de Rolando Moreno, es tipo recital, y contará también con la participación en directo del pianista Isaac Rodríguez.
Grettel Trujillo ha sido muy aclamada por  la interpretación de la anciana que narra su vida con saltos de humor y tragedia, que canta, se acerca al público y encarna de alguna manera la voz del exilio. Se estrenó en la sala Teatro 8, en 2007, y tuvo reposición tres años más tarde en Teatro en Miami Studio. También, en la otra orilla, La Habana, la pieza tuvo un montaje a cargo de Teatro El Público, bajo la dirección de Carlos Díaz y la interpretación de Osvaldo Doimeadiós.
Josefina la viajera se ha convertido en un texto para antología cubana de teatro. La trama es un recuento histórico de la nación, que sirve de puente en muchos aspectos, más allá de la cultura.
Algo similar había hecho Estévez con el monólogo Santa Cecilia, interpretado magistralmente por Vivian Acosta, cuyo estreno ocurrió en La Habana, en 1994.



Foto de Ernesto García

viernes, 21 de junio de 2013

¿Qué tendrán que ver Manolo del Valle y Lena Burke?



Nada y a la vez mucho.
Por separado, no comparten público porque no comparten género ni época, o lo que es lo mismo, corresponden a generaciones tal vez distantes en el tiempo.
Decimos tal vez si tenemos en cuenta que el tiempo es relativo.
Anoche, en la televisión cubana- miamense, sin querer se hizo una síntesis en el tiempo y en el espacio.
Es lo que pasa en los medios que habitualmente viven de la nostalgia, lo cual no está nada mal. Yo mismo me emocioné cuando vi a Manolo del Valle, ahora mucho más delgado aunque con  el mostacho oscuro de toda la vida. Ah, y la voz intacta.
“Yo no sé/ lo que está pasando/ que no dejo un momento/ de pensar en ti…La ra la ra ra, la ra ra, la ra ra…”, canté impulsado por una fuerza interior y mi mujer me miró extrañamente. Entonces le expliqué que a Manolo del Valle lo ponían en la radio mañana, tarde y noche. Estamos hablando del bolero revolucionario –sin acogernos al sentido etimológico de la palabra- que, a la vuelta del tiempo, como el que escribe, se mudó a Miami.
Cabe preguntarse quién queda en Cuba.
La respuesta es: gente nueva.
La nostalgia –lo he dicho aquí, no tiene cura- es un elemento importante de identidad personal. Los cubanos somos dados a regodearnos en ella, al precio que sea necesario.
No estamos locos: perfumes y canciones no se olvidan jamás.
Mano del Valle apenas habló. Lo pararon junto a un piano y a la pianista acompañante, que siempre está ahí y canta a medias todo lo que se presente, le pegue o no al programa y a la pieza concreta.  En fin, que “lo mataron”, aunque valió la pena el recuerdo. Esto fue en TN3, de América Tevé.
Un rato más tarde, entrevistan en ese mismo canal a la nietísima de Elena Burke, bella, de incontenible risa, que llevaba un vestido rojo impresionante y ochenta mil gangarrias como complementos. Pero Lena –quien visitó a su abuela en México, milagrosamente, poco antes de que muriera, según dijo anoche- es una voz, más del exilio que del insilio, que moderniza de alguna manera el repertorio cubano con su estilo desenfadado y personal. En su día gustó mucho a Alejandro Sanz. Ella es, salvando las distancias, nuestra Diana Krall.
Lena –hija de Malena- paradójicamente actúa poco en Miami. Anoche, anunciando concierto para el día 29 en el Miami Dade County Auditorium, coincidió en la parrilla televisiva con Manolo del Valle y se formó un rico potaje mental que es la explicación, sin más ni menos, de dónde somos y hacia dónde vamos.
Gracias a la tele cubana -miamense.

Fotos del autor tomadas de la televisión 



lunes, 17 de junio de 2013

"Nunca pretendí comunicar nada, sino escandalizar, espantar"

En el restaurante La Casita, en la Calle 8, donde el equipo de Cubanet almorzó con Orlando Luis Pardo, hay un variado menú cubano; camareros diligentes y una sencilla decoración, diáfana, que se parece, salvando las distancias, a El Potín de la calle Línea, en La Habana.
Nos tocó una mesa redonda –así y todo la pasamos bien- sin cristal, lo cual obligaba a no poner mantel, algo raro, pero fue así. Orlando Luis Pardo dijo que mejor sin mantel. Comimos directamente con el plato sobre la madera, excelentes raciones preparadas en lo que podría ser la mejor cocina de la mejor fonda de la vieja capital. El aspecto del bloguero, poeta, narrador, comunicador, tuitero, provocador, iconoclasta disidente iba con el tema de la mesa redonda sin mantel. El equipo de redacción pasó del postre, pero él lo reclamó sin vergüenza: casquitos de guayaba con queso crema.
Marcaba así una posición, o al menos un sentido de la identidad que los que viajamos y vivimos un tiempo en Europa hemos perdido. Es un postre demasiado pesado para una persona exiliada mayor de 40 años, pero, obviamente, ese no es su caso.
El almuerzo transcurrió entre preguntas y respuestas y una incontrolable comunicación a través del celular –texteando, como el común de los miamenses- por debajo de la mesa. Orlando Luis tiene oficio para hacer varias cosas a la vez sin perder el hilo de la conversación.
Lo despedimos poco antes de que marchara a Pittsburgh y le dejamos un cuestionario que respondió de manera remota.
Como bioquímico, lograste escapar del Polo Científico de la dictadura, un lugar donde los profesionales son un poco más mimados que otros, pero también más controlados. ¿Por qué lo hiciste y  por qué te convertiste en comunicador?
No escapé, el miércoles 7 de abril de 1999 me sancionaron y expulsaron del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de La Habana (CIGB), por tener intenciones de traicionar a la institución (emigrar sin el debido permiso laboral) o algo así.
Ese sitio era una isla de capitalismo Made in Castro. Nos llegaban las revistas científicas norteamericanas en el mismo mes en que se publicaban. Los reactivos químicos eran todos del Primer Mundo, incluidas empresas privadas de USA.
Me vi en la calle. Hacía ya años que escribía ficción, desde el Preuniversitario. Y aposté en serio a ese caballo. Traté de romperlo todo, hasta el lenguaje. Nunca pretendí comunicar nada, sino escandalizar, espantar.
En los años siguientes, logré ganar cuatro concursos nacionales de narrativa y publiqué mis libros Collage Karaoke (2001), Empezar de Cero (2001), Ipatrías (2005), y Mi nombre es William Saroyan (2006). Ya listo para ser impreso mi quinto libro Boring Home por la editorial Letras Cubanas, fui chantajeado por el presidente del Instituto Cubano del Libro, Iroel Sánchez (luego defenestrado por el entonces Ministro de Cultura, Abel Prieto): en una reunión gritó con un puñetazo estaliniano que yo nunca más volvería a ser un autor en Cuba mientras no clausurara mi blog LUNES DE POST-REVOLUCIÓN (inaugurado en septiembre de 2008).
Con gusto hubiera aceptado aquella coacción, pero me pareció una idea excelente no volver a ser un autor en Cuba, así que seguí con mi blog (orlandoluispardolazo.blogspot.com). Gracias, Iroel Sánchez, por tocar la flauta por casualidad.
¿Cómo se logra perder el  miedo a la represión, a la tortura sicológica y física, al control absoluto de la dictadura?
Nunca se logra perder el miedo, aunque no creo que yo tenga más miedo que, por ejemplo, un funcionario en sus finales como Iroel Sánchez. El frío en el alma permanece para siempre, él bien lo sabe, y esa “psicatriz”, lejos de cerrarse, resulta más y más traumática con el tiempo. El miedo lo han sentido casi todos en Cuba, desde aquel “poeta, pobre y pájaro” de los años sesenta (como Virgilio Piñera se autodefinió), hasta algunos jerarcas de las iglesias cubanas de hoy, aunque estos no sean “poetas” ni “pobres”.
El control se controla con control. O sea, repitiendo la palabra hasta que pierda su sentido y suene a fórmula farmaceútica: control 0,1%… No tener nada que ocultar: decirlo todo a todos, todo el tiempo. Reunir la osadía de navegar contra cualquier consenso, incluida la necia noción de cubanidad, ese cadalso. Comportarnos como seres moleculares, no pertenecer a ninguna estructura que pueda ser implementada desde los órganos de poder. Hacerse impredecible e intempestivo, pero sin perder, además del ingenio innato, cierto toque de ingenuidad. Desear mucho algo, estirar las manos con estilo hacia ese “algo” puro que se llama ilusión. Amar la vida, no la lógica criminal del Estado, ansiar llegar a un futuro después de Fidel (no hay futuro después de Fidel, la fatalidad nunca es efímera). Amar el amor (el amor es la única estaca de madera contra los fantasmas fieles del fidelismo futuro).
¿Tuviste algún vínculo con Cubanet más allá de la lectura?
Una novia que tuve entre el 2002 y el 2003. No revelo su nombre por razones obvias de respeto a su privacidad, pero por entonces ella comenzó a publicar muy entusiasmada en Cubanet. Usaba seudónimos disparatados que aún no me explico cómo se los aceptaban (Estados Unidos es un país muy grande): Tamina S. Cué, Agnes Cuba, Ludmila Volapukova, qué sé yo… Me retaba a usar yo mismo esos seudónimos y, en verdad, me estaba regalando, como antes lo había hecho Iroel Sánchez, una idea genial: intentar una esquizo-literatura local, perder el rostro en cada texto, ser siempre otros, buscar el fracaso y el repudio como clave del éxito ante la manada. Hoy mi novia también ha emigrado a Chile (por cierto, se parece bastante a Camila Vallejo) y yo espero podernos re-encontrar en una aurora boreal de Alaska, territorio que recomiendo a todos los cubanos libres del mundo.
No insistan con la Isla.
La Isla es de Iroel. Socialismo a lo Sánchez.
Ahora que has recorrido buena parte de Estados Unidos, y has constatado la diversidad, la libertad individual, la libertad de pensamiento y expresión en las universidades, ¿qué visión te has formado más o menos del mundo?
¿Cómo sabes que he constatado todo eso? Me has arrinconado contra las cuerdas de la democracia.
En cualquier caso, la conclusión más impactante es que el sistema universitario de Cuba es casi gratis, pero es privado. Dentro de la islita no se acepta la asistencia del público a los eventos, como he visto aquí. Los programas allí son camisas de fuerza y la libertad del profesorado es casi ilegal, sobre todo en las carreras de corte intelectual. Las universidades cubanas son filiales del Ministerio del Interior y, como tal, sus intercambios culturales debieran ser con instituciones militares y no con las académicas del mundo (o sea, de los Estados Unidos, a donde los jerarcas de la izquierda insular les encanta venir a pavonearse de liberales, sea Rafael Hernández o Miguel Barnet: el único sincero sería Iroel Sánchez, que no quiere viajar más allá de su enciclopedia en silla de ruedas, Ecured).
El mundo es uno. Reforestar la diversidad, la libertad individual, la libertad de pensamiento y expresión en Cuba es estadounidizar a nuestro país. Esa es mi visión.
En conversación contigo se nota cierto compromiso con Cuba, con la nación, que en definitiva somos todos, los de adentro y los de afuera. Hablas como si pensaras en volver. ¿Es cierto esto?
Volver es imposible. Nunca me fui. Aunque no puedes regresar a tu hogar, no existe ese sitio donde fuiste feliz. Cuba está aquí, por ahí, no allá. La diáspora es un concepto mucho más nacionalista que la nación. Mi compromiso es con los cubanos, no con Cuba.
En las calles calcinadas de la capital cubana, en medio de un activismo social atroz, me he sentido el hombre más solitario de la historia. Un testigo tétrico que ahora ha visto la belleza de la patria en un bosquecillo gris de Wisconsin. Y ha respirado la paz civil de los míos en los rayos lilas de una puesta de sol en LA. Y ha sido inmortal y ha llorado de cubanía ante el verde verdadero de las carreteras de North Carolina (en el trópico, la demasiada luz abole los colores). Y que en Washington DC entendió que el castrismo es ubicuo. Y que Manhattan se parece más a La Habana que la propia Habana, empezando por el idioma. Y que sólo Miami no se parece tanto a Cuba, porque hay menos cubanos libres de Cuba que en los Estados Unidos.
Nota: Esta entrevista se publicó originalmente en www.cubanet.org
Foto: Armando López

viernes, 24 de mayo de 2013

Llegó el Euro Pan

Los españoles no saben qué hacer. Por un lado, el actual gobierno (conservador) acaba de anunciar que ofrece residencia –ojo, no la nacionalidad- a todo extranjero que compre una vivienda por un monto superior a los 500 mil euros, y también a los que sean capaces de abrir un negocio. Para ello, habilitó a la carrera una ley que agiliza los trámites de licencia a 24 horas.
Increíble. En mis tiempos en España no daban la tarjeta de residencia tan fácil. Aunque, con los requisitos actuales, quien escribe tampoco hubiera clasificado.
Dicen que están vendiendo el país.
Ya lo estaban haciendo hace rato. Si no, ¿cómo se entiende que llegue un chino, se coloque en un restorán –en un bar, en un edificio, en una nave industrial- y luego sus ventas no sean capaces de pagar ni el alquiler ni a los empleados, con lo cara que está la superficie rentada? La cuestión es que el chino compra, paga a toca teja.
El ciudadano de Europa del Este (comunitario) que se hace de locales también paga al contado.
No importa el origen del dinero.
El gobierno necesita liquidez y punto.
Pero, claro, la justificación es que de esa manera se crean “puestos de trabajo”, tal vez los que prometió el PP aun sabiendo lo difícil que era cumplir.
Lo que sucede ahora en España no es otra cosa que “tirar la casa por la ventana” en tiempos de paz, parafraseando al comandante Castro que se inventaba esos “Períodos Especiales en Tiempos de Paz” (luego vendrían los Guerra, que ya estaban en la calle). O sea, estamos viendo una España emergente que de pronto tiene que vender porque no supo –o no quiso- invertir ordenadamente.
No solo invertir en economía, sino también en material humano.
En la primera década del 2000, España tuvo una población flotante importantísima –entre la que se cuenta un servidor- que fue segregada a conciencia (salvo raras excepciones en pequeñas aldeas, donde lograron insertarse los extranjeros). Esa mano de obra –una buena parte, calificada- se desaprovechó por razones de ignorancia, xenofobia, desdén o egoísmo. A escoger. Mientras esto sucedía, el español promedio, si podía, se iba al Paro y así cobraba en su casa. Porque los extranjeros estaban ahí dispuestos a cuidar ancianos y a mantener la agricultura, por solo citar dos ramos que los nacionales se permitían no trabajar.
Cuando arreció la crisis, obviamente, los extranjeros molestamos. Y la agricultura y la geriatría se cotizaron al alza. Entonces nos despidieron a todos, de una u otra manera. Las arcas de la Seguridad Social estaban vacías, los bancos sin liquidez y con muchos inmuebles por cobrar, y los negocios familiares –que en realidad no daban empleo como lo indica la denominación- pasaron a manos de chinos mafiosos (no los que se ven en el lugar, por supuesto).
Parece que un español se enteró de que en Miami el pan es malísimo. Aquí hay los llamados Pan Cubano y Puertorriqueño, que dejan mucho que desear a los que alguna vez tuvimos excelentes panaderías a pie de calle. ¿Y qué hizo este español? Se trajo la típica baguette congelada –la sencilla, la más vulgar- que aquí es pan de gloria. Se sumó a la firma Euro Pan y así ganamos todos, los que tratan de reinventarse con la crisis y los consumidores de toda la vida que andamos por el mundo buscando un lugar feliz.
(Este texto se publicó originalmente en www.cubanet.org)