
Una señora de unos sesenta años, mulata, habanera, según me dijo, entró a la tienda donde trabajo para comprar un reproductor de DVD pequeño.
-Es para llevar a Cuba-comentó por si acaso.
-Así que se lo lleva a mi país-interactué.
La mujer me miró un poco desconfiada. Sorprendida también. ¡Qué iba a imaginarse que el vendedor, joven, moreno, con gafas graduadas de diseño sería un compatriota. Mientras le explicaba la importancia en este caso de adquirir un aparato multisistema –con la norma europea y americana a la vez-, me dediqué a pensar si esa señora asistiría a la manifestación contra el gobierno de la isla, programada para el mediodía del pasado domingo.
Supuse que no, pues por regla general una persona de su edad, que no vive en España, según me indicó, tiene su cabeza en otros asuntos, en resolver problemas tan triviales y rutinarios como envolver los reproductores de DVD de manera que no los detecte el scáner del aeropuerto de La Habana. Se llevaba tres equipos, y solo están permitidos dos por persona. También debía estar atormentada por conseguir que ninguno de sus seres queridos se quedara sin regalos, porque la gente allí siempre espera algo, o, de lo contrario, siempre necesita algo.
Esa es una realidad. La inmensa realidad de la gran mayoría de cubanos.
Pero existe otra cara de Cuba como tema, y es la facilidad de hacer política con nosotros. Me pregunto cuándo llegará el día en que no tengamos que vivir estigmatizados. Sé perfectamente que para tal empresa hay que hacer votos de democracia, y eso es precisamente lo que nos falta todavía. Lógicamente, hablo de los que vivimos fuera de nuestro país.
Ser cubano es muy fastidioso. La gente, por costumbre, o frivoliza nuestra existencia –con los tópicos de la salsa y los puros y los mojitos- o se aprovecha para descargar su tema político. Si coinciden con uno que no es comunista ni nada que se le parezca, bien; de lo contrario te cantan un panfleto tan gastado que da hasta pena. Pero lo más jodido del caso es que, si no eres comunista, entonces eres de derechas, eres seguidor del Partido Popular.
Un lector de estas páginas se ha sentido profundamente decepcionado porque publiqué la convocatoria a la manifestación del domingo. Porque, dice, promover algo así es darle votos al Partido Popular español. No hubo manera de convencerlo –mediante intercambios en los comentarios del blog- de que anuncié la movilización porque me apetecía decir algo desde aquí, ya que no podía asistir porque estoy de mudanzas.
Una cosa es apoyar una convocatoria de denuncia al gobierno de la isla, y otra muy diferente votar al Partido Popular –mal llamado así, por cierto.
El día que pueda ejercer mi derecho al voto por primera vez en la vida, al cabo de los 43 años, un día que viene llegando, votaré a quien me dé la gana, y seré el hombre más feliz del mundo. Como mismo me hubiera hecho feliz presentarme el domingo en el Passeig de Gràcia y gritar a pulmón abierto. Son ganas, deseos de exorcizar una pena, vocear a los cuatros vientos, porque nunca hemos podido. Pido a la vida que, para el caso cubano, se pueda dejar la politiquería a un lado y tirar hacia adelante. Pido a los politiqueros –de la tendencia que sean- que no se aprovechen.
Yo también me decepcioné del mencionado lector, al que le hubiera gustado que mi blog sea una tribuna abierta a favor del Partido Socialista Obrero Español. Lo siento, compañero. No me gustan los políticos de ninguna clase.
Mi sueño se basa en que nos miren primero como nación –dígase cultura, idiosincrasia, tradiciones, geografía- y luego en el sentido de un comodín.
Es duro decirlo, pero somos un pretexto, y con esa cruz vivimos y trabajamos.