miércoles, 15 de octubre de 2014

¿Dónde estará el fascista del “Leoncio Prado”?






Corríamos  por la guardarraya de los naranjales delante del automóvil del director, un polaquito. (El carro, quiero decir. Él no; él debió ser un fascista).

Era un hombre de baja estatura, pelado con máquina casi al cero. Fumaba puros pequeños, recortados. Daba la impresión de que los llevaba apagados. Era terrible.

Nosotros, reclutas que recién terminamos el servicio militar con la esperanza de ir a la universidad. Llegamos a una escuela de San Antonio de los Baños –en las afueras de La Habana- para estudiar nueve o seis meses de bachillerato concentrado, eso que el ministro de las Fuerzas Armadas –o sea, el actual presidente de Cuba- creó bajo el seudónimo de Orden 18. La escuela se llamaba igual que el marino peruano que luchó en la guerra cubana contra España: “Leoncio Prado”.

Allí todo marchaba bien. Todos los desplazamientos en “unidades” los hacíamos marchando. Hacia el comedor, hacia los albergues, hacia las aulas. Un control aleatorio en la puerta de cualquiera de las instalaciones tenía al director en primera línea. De llevar el cabello más largo que él, cualquiera de nosotros terminaba humillado en la barbería, si es que ese día no lo tenía agrio y la orden era suspender el pase del fin de semana. Las uñas un poco largas también le cruzaban los cables.

Era civil. Sin embargo, tenía un par de tenientes y un capitán del ejército regular bajo su mando. Nunca se había visto algo igual.

La escuela andaba derecha, incluso con más rigor que las unidades militares de la zona, más que los batallones de tanques de las inmediaciones de “Vaca Muerta”, de donde llegaba este que escribe luego de realizar cuatro maniobras con proyectiles reales y manejar una mole de hierro en los campos de tiro de “Jejenes”.

Nada que ver con aquello que pensábamos era la vida militar. El dictador de “Leoncio Prado” superaba cualquier recuerdo de malas noches al cavar un emplazamiento para el tanque de guerra. Era un aparecido en medio de la paz relativa, o lo que es lo mismo: en los campos de naranja en flor  por los que no se llegaba a ningún lugar concreto, sino se jugueteaba con la libertad.

¿Cuántas veces nos hizo cortar la maleza con su colección de machetes los sábados de cielo despejado, mientras los que habían tenido suerte se marchaban a lo lejos en las típicas guaguas “Girón”, y uno no entendía esa tristeza provocada por un hombre con poder?

Poder y perversión.

Muchos años después, supe que lo habían pasado como director a la escuela de hostelería de la capital, ubicada en el hotel Comodoro. Un centro de enseñanza enfocado en el turismo, sector muy conocido en la isla como ejemplo de discriminación.

Más tarde de esto lo vi paseando a un perro peludo en los alrededores de mi casa. Éramos vecinos de un barrio de élite de la capital que con la llamada “Revolución” se pobló con militares de alta jerarquía, además de ministros y altos comisarios políticos.

Paseaba al perro con su puro mordido e igual de rapado que antes. Lo identifiqué enseguida y le clavé la mirada. Él se apartó como si uno hubiera pasado nada.
Todos estos años –el que viene cumplo 50- me he preguntado constantemente dónde estará Andrés Soberón

jueves, 28 de agosto de 2014

Ha muerto un vendedor de electrodomésticos





Uno de los mejores actores del elenco de Cuéntame ha muerto, según informa la prensa española: Roberto Cairo, 51 años, qué triste noticia. No lo conocí personalmente, pero no hizo falta para identificarme con él, tal vez por ser arquetipo de un antigalán, de la historia más larga –la saga- de TVE; no el malo de la película pero sí el desaliñado, fumador, aventurero y hombre de bar de una España que estaba en transición hacia la democracia.

Pero también el representante ideal de un país en transición hacia la modernidad, en los años 70.

Desi (Desiderio) será para mí uno de los personajes más recordados, tal vez el más creíble, frente a un Antonio (Imanol Arias) que a veces, de tanto bordarlo, rozaba la caricatura del empresario emergente y machista de aquella España.

Siempre me pregunté cómo se puede ser tan flaco y tan buen actor, como lo fue Roberto Cairo.

Con su muerte ha muerto el personaje, no hay dudas de eso. Y es una pena. La serie me acompañó desde que llegué a España en 2001 hasta que me fui de allí en 2012, viendo a todos los actores y personajes crecer, acercándose a toda prisa a la actualidad del país, pisándole los talones a la crisis en la que está metida, para mucho tiempo, la Iberia divertida del jamón y el flamenco.

Yo también, como Desi, trabajé en una tienda de electrodomésticos. Y sé lo que es eso cuando “la crisis” te viene encima y ves aproximarse el cierre de persiana.  Hasta nuevo aviso.

Adiós, Desi.

viernes, 18 de abril de 2014

Descansa en paz, García Márquez, pero no creas que olvidamos



García Márquez visita Aracataca, el pueblo donde nació



La muerte este jueves 17 de abril de Gabriel García Márquez ha dejado cierta dinámica de controversia entre colegas y amigos, unos muy acongojados y otros no tanto con el deceso.

Es lo que pasa con personajes contradictorios cuando se van y no se llevan a sus amigos dictadores: La obra literaria –sin dudas inmensa por los cuatro costados- no importa tanto cuando hay un país detrás destrozado, no solo sus ciudades y pueblos del interior, sino también la gente;  o sea, estamos hablando de una nación.

Un texto de la narradora cubana Daína Chaviano aparecido en Facebook hoy, pone en mi boca lo que siento, de manera que lo comparto como mío. Soy de los que piensan que no hay que olvidar, por mucho que los ancianos causen pena e incluso mueran.

Un dictador como Fidel Castro es un destructor nato, capaz de desaparecer de la faz de la tierra lo que sea necesario para conseguir sus proyectos megalómanos. No es poca nuestra tragedia nacional; no son pocos los muertos cruzando el Estrecho de la Florida; no son tres ni cuatro los desastres ecológicos causados por el dictador en más de cincuenta años (me vienen a la mente los pedraplenes que enlazan la isla grande con la cayería norte de Cuba, un brutal daño al ecosistema marino); no son aislados los casos de familias destruidas, luego reconciliadas cuando él quiso, ni insignificantes las cifras de muertos en la guerra de Angola, que duró, por su capricho, la friolera de 15 años, más o menos.

Así que me sumo a lo dicho por Daína Chaviano, escritora exiliada como muchos que lo perdimos todo, menos la dignidad. Frente a una historia como la nuestra, ¿qué puede importar que el Gabo haya sacado de la cárcel a unos artistas?

Descansa en paz, García Márquez, y gracias por tus personajes de ficción, pero nunca te perdonaremos tu amistad con el hombre que destruyó una nación bella y alegre.

Lamento cualquier muerte, pero no lloro por los amigos de ningún dictador (y menos aún por los que alabaron la "ternura" del tirano que ha destrozado a mi patria), aunque hayan sido grandes creadores. Respeto el dolor ajeno. Espero que respeten el mío.


Daína Chaviano