lunes, 17 de junio de 2013

"Nunca pretendí comunicar nada, sino escandalizar, espantar"

En el restaurante La Casita, en la Calle 8, donde el equipo de Cubanet almorzó con Orlando Luis Pardo, hay un variado menú cubano; camareros diligentes y una sencilla decoración, diáfana, que se parece, salvando las distancias, a El Potín de la calle Línea, en La Habana.
Nos tocó una mesa redonda –así y todo la pasamos bien- sin cristal, lo cual obligaba a no poner mantel, algo raro, pero fue así. Orlando Luis Pardo dijo que mejor sin mantel. Comimos directamente con el plato sobre la madera, excelentes raciones preparadas en lo que podría ser la mejor cocina de la mejor fonda de la vieja capital. El aspecto del bloguero, poeta, narrador, comunicador, tuitero, provocador, iconoclasta disidente iba con el tema de la mesa redonda sin mantel. El equipo de redacción pasó del postre, pero él lo reclamó sin vergüenza: casquitos de guayaba con queso crema.
Marcaba así una posición, o al menos un sentido de la identidad que los que viajamos y vivimos un tiempo en Europa hemos perdido. Es un postre demasiado pesado para una persona exiliada mayor de 40 años, pero, obviamente, ese no es su caso.
El almuerzo transcurrió entre preguntas y respuestas y una incontrolable comunicación a través del celular –texteando, como el común de los miamenses- por debajo de la mesa. Orlando Luis tiene oficio para hacer varias cosas a la vez sin perder el hilo de la conversación.
Lo despedimos poco antes de que marchara a Pittsburgh y le dejamos un cuestionario que respondió de manera remota.
Como bioquímico, lograste escapar del Polo Científico de la dictadura, un lugar donde los profesionales son un poco más mimados que otros, pero también más controlados. ¿Por qué lo hiciste y  por qué te convertiste en comunicador?
No escapé, el miércoles 7 de abril de 1999 me sancionaron y expulsaron del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de La Habana (CIGB), por tener intenciones de traicionar a la institución (emigrar sin el debido permiso laboral) o algo así.
Ese sitio era una isla de capitalismo Made in Castro. Nos llegaban las revistas científicas norteamericanas en el mismo mes en que se publicaban. Los reactivos químicos eran todos del Primer Mundo, incluidas empresas privadas de USA.
Me vi en la calle. Hacía ya años que escribía ficción, desde el Preuniversitario. Y aposté en serio a ese caballo. Traté de romperlo todo, hasta el lenguaje. Nunca pretendí comunicar nada, sino escandalizar, espantar.
En los años siguientes, logré ganar cuatro concursos nacionales de narrativa y publiqué mis libros Collage Karaoke (2001), Empezar de Cero (2001), Ipatrías (2005), y Mi nombre es William Saroyan (2006). Ya listo para ser impreso mi quinto libro Boring Home por la editorial Letras Cubanas, fui chantajeado por el presidente del Instituto Cubano del Libro, Iroel Sánchez (luego defenestrado por el entonces Ministro de Cultura, Abel Prieto): en una reunión gritó con un puñetazo estaliniano que yo nunca más volvería a ser un autor en Cuba mientras no clausurara mi blog LUNES DE POST-REVOLUCIÓN (inaugurado en septiembre de 2008).
Con gusto hubiera aceptado aquella coacción, pero me pareció una idea excelente no volver a ser un autor en Cuba, así que seguí con mi blog (orlandoluispardolazo.blogspot.com). Gracias, Iroel Sánchez, por tocar la flauta por casualidad.
¿Cómo se logra perder el  miedo a la represión, a la tortura sicológica y física, al control absoluto de la dictadura?
Nunca se logra perder el miedo, aunque no creo que yo tenga más miedo que, por ejemplo, un funcionario en sus finales como Iroel Sánchez. El frío en el alma permanece para siempre, él bien lo sabe, y esa “psicatriz”, lejos de cerrarse, resulta más y más traumática con el tiempo. El miedo lo han sentido casi todos en Cuba, desde aquel “poeta, pobre y pájaro” de los años sesenta (como Virgilio Piñera se autodefinió), hasta algunos jerarcas de las iglesias cubanas de hoy, aunque estos no sean “poetas” ni “pobres”.
El control se controla con control. O sea, repitiendo la palabra hasta que pierda su sentido y suene a fórmula farmaceútica: control 0,1%… No tener nada que ocultar: decirlo todo a todos, todo el tiempo. Reunir la osadía de navegar contra cualquier consenso, incluida la necia noción de cubanidad, ese cadalso. Comportarnos como seres moleculares, no pertenecer a ninguna estructura que pueda ser implementada desde los órganos de poder. Hacerse impredecible e intempestivo, pero sin perder, además del ingenio innato, cierto toque de ingenuidad. Desear mucho algo, estirar las manos con estilo hacia ese “algo” puro que se llama ilusión. Amar la vida, no la lógica criminal del Estado, ansiar llegar a un futuro después de Fidel (no hay futuro después de Fidel, la fatalidad nunca es efímera). Amar el amor (el amor es la única estaca de madera contra los fantasmas fieles del fidelismo futuro).
¿Tuviste algún vínculo con Cubanet más allá de la lectura?
Una novia que tuve entre el 2002 y el 2003. No revelo su nombre por razones obvias de respeto a su privacidad, pero por entonces ella comenzó a publicar muy entusiasmada en Cubanet. Usaba seudónimos disparatados que aún no me explico cómo se los aceptaban (Estados Unidos es un país muy grande): Tamina S. Cué, Agnes Cuba, Ludmila Volapukova, qué sé yo… Me retaba a usar yo mismo esos seudónimos y, en verdad, me estaba regalando, como antes lo había hecho Iroel Sánchez, una idea genial: intentar una esquizo-literatura local, perder el rostro en cada texto, ser siempre otros, buscar el fracaso y el repudio como clave del éxito ante la manada. Hoy mi novia también ha emigrado a Chile (por cierto, se parece bastante a Camila Vallejo) y yo espero podernos re-encontrar en una aurora boreal de Alaska, territorio que recomiendo a todos los cubanos libres del mundo.
No insistan con la Isla.
La Isla es de Iroel. Socialismo a lo Sánchez.
Ahora que has recorrido buena parte de Estados Unidos, y has constatado la diversidad, la libertad individual, la libertad de pensamiento y expresión en las universidades, ¿qué visión te has formado más o menos del mundo?
¿Cómo sabes que he constatado todo eso? Me has arrinconado contra las cuerdas de la democracia.
En cualquier caso, la conclusión más impactante es que el sistema universitario de Cuba es casi gratis, pero es privado. Dentro de la islita no se acepta la asistencia del público a los eventos, como he visto aquí. Los programas allí son camisas de fuerza y la libertad del profesorado es casi ilegal, sobre todo en las carreras de corte intelectual. Las universidades cubanas son filiales del Ministerio del Interior y, como tal, sus intercambios culturales debieran ser con instituciones militares y no con las académicas del mundo (o sea, de los Estados Unidos, a donde los jerarcas de la izquierda insular les encanta venir a pavonearse de liberales, sea Rafael Hernández o Miguel Barnet: el único sincero sería Iroel Sánchez, que no quiere viajar más allá de su enciclopedia en silla de ruedas, Ecured).
El mundo es uno. Reforestar la diversidad, la libertad individual, la libertad de pensamiento y expresión en Cuba es estadounidizar a nuestro país. Esa es mi visión.
En conversación contigo se nota cierto compromiso con Cuba, con la nación, que en definitiva somos todos, los de adentro y los de afuera. Hablas como si pensaras en volver. ¿Es cierto esto?
Volver es imposible. Nunca me fui. Aunque no puedes regresar a tu hogar, no existe ese sitio donde fuiste feliz. Cuba está aquí, por ahí, no allá. La diáspora es un concepto mucho más nacionalista que la nación. Mi compromiso es con los cubanos, no con Cuba.
En las calles calcinadas de la capital cubana, en medio de un activismo social atroz, me he sentido el hombre más solitario de la historia. Un testigo tétrico que ahora ha visto la belleza de la patria en un bosquecillo gris de Wisconsin. Y ha respirado la paz civil de los míos en los rayos lilas de una puesta de sol en LA. Y ha sido inmortal y ha llorado de cubanía ante el verde verdadero de las carreteras de North Carolina (en el trópico, la demasiada luz abole los colores). Y que en Washington DC entendió que el castrismo es ubicuo. Y que Manhattan se parece más a La Habana que la propia Habana, empezando por el idioma. Y que sólo Miami no se parece tanto a Cuba, porque hay menos cubanos libres de Cuba que en los Estados Unidos.
Nota: Esta entrevista se publicó originalmente en www.cubanet.org
Foto: Armando López

viernes, 24 de mayo de 2013

Llegó el Euro Pan

Los españoles no saben qué hacer. Por un lado, el actual gobierno (conservador) acaba de anunciar que ofrece residencia –ojo, no la nacionalidad- a todo extranjero que compre una vivienda por un monto superior a los 500 mil euros, y también a los que sean capaces de abrir un negocio. Para ello, habilitó a la carrera una ley que agiliza los trámites de licencia a 24 horas.
Increíble. En mis tiempos en España no daban la tarjeta de residencia tan fácil. Aunque, con los requisitos actuales, quien escribe tampoco hubiera clasificado.
Dicen que están vendiendo el país.
Ya lo estaban haciendo hace rato. Si no, ¿cómo se entiende que llegue un chino, se coloque en un restorán –en un bar, en un edificio, en una nave industrial- y luego sus ventas no sean capaces de pagar ni el alquiler ni a los empleados, con lo cara que está la superficie rentada? La cuestión es que el chino compra, paga a toca teja.
El ciudadano de Europa del Este (comunitario) que se hace de locales también paga al contado.
No importa el origen del dinero.
El gobierno necesita liquidez y punto.
Pero, claro, la justificación es que de esa manera se crean “puestos de trabajo”, tal vez los que prometió el PP aun sabiendo lo difícil que era cumplir.
Lo que sucede ahora en España no es otra cosa que “tirar la casa por la ventana” en tiempos de paz, parafraseando al comandante Castro que se inventaba esos “Períodos Especiales en Tiempos de Paz” (luego vendrían los Guerra, que ya estaban en la calle). O sea, estamos viendo una España emergente que de pronto tiene que vender porque no supo –o no quiso- invertir ordenadamente.
No solo invertir en economía, sino también en material humano.
En la primera década del 2000, España tuvo una población flotante importantísima –entre la que se cuenta un servidor- que fue segregada a conciencia (salvo raras excepciones en pequeñas aldeas, donde lograron insertarse los extranjeros). Esa mano de obra –una buena parte, calificada- se desaprovechó por razones de ignorancia, xenofobia, desdén o egoísmo. A escoger. Mientras esto sucedía, el español promedio, si podía, se iba al Paro y así cobraba en su casa. Porque los extranjeros estaban ahí dispuestos a cuidar ancianos y a mantener la agricultura, por solo citar dos ramos que los nacionales se permitían no trabajar.
Cuando arreció la crisis, obviamente, los extranjeros molestamos. Y la agricultura y la geriatría se cotizaron al alza. Entonces nos despidieron a todos, de una u otra manera. Las arcas de la Seguridad Social estaban vacías, los bancos sin liquidez y con muchos inmuebles por cobrar, y los negocios familiares –que en realidad no daban empleo como lo indica la denominación- pasaron a manos de chinos mafiosos (no los que se ven en el lugar, por supuesto).
Parece que un español se enteró de que en Miami el pan es malísimo. Aquí hay los llamados Pan Cubano y Puertorriqueño, que dejan mucho que desear a los que alguna vez tuvimos excelentes panaderías a pie de calle. ¿Y qué hizo este español? Se trajo la típica baguette congelada –la sencilla, la más vulgar- que aquí es pan de gloria. Se sumó a la firma Euro Pan y así ganamos todos, los que tratan de reinventarse con la crisis y los consumidores de toda la vida que andamos por el mundo buscando un lugar feliz.
(Este texto se publicó originalmente en www.cubanet.org)

viernes, 17 de mayo de 2013

Candice Glover


La emocionante presentación y trayectoria en American Idol de Candice Glover, de 23 años, de Carolina del Sur, dejó en el aire el gustillo al melodrama que tanto adora la sociedad norteamericana, el sueño convertido en realidad, el país de las oportunidades o llámesele simplemente Territorio Universal.
Negra, corpulenta, suereña, aparentemente sin swing, pero con una voz –obviamente, natural- trabajada en las iglesias protestantes en las que, al parecer, los cuerpos vuelan cuando se alcanza determinado punto de entrega.
Y así mismo fue anoche en la final de este programa, que ya va por su 12 temporada: En el escenario estaba servido el contrapunteo entre el Country (una bellísima y triste Kree Harrison lo validaba) y el Rythm and Blues, espírituals o sonido del Sur, como se quiera llamar. Dos países, musicalmente hablando, se enfrentaban. Y también, aunque los norteamericanos cuidan mucho las formas, dos razas se discutían el podio.
Harrison tal vez esperaba un milagro mientras se agarraba fuertemente a las manos negras de Candice Glover. Ese milagro no llegó en el sobre que abrió el fabuloso presentador  Ryan Seacrest. Las dos intérpretes eran inigualables en sus respectivos géneros, acompañadas además por un ángel especial pueblerino que bien supieron trabajar los encargados del show de la Fox. Pero quien tenía que decidir, el público, a través de los teléfonos, no contempló ni un ápice de relación emocional. Fue al grano, a la técnica, y con ésta a la dotación natural que se repite poco en este mundo.
Ya lo había dicho anteriormente uno de los jurados del programa, el músico Randy Jackson: -Hacía años que no escuchaba una voz tan espectacular como la tuya-, mirando de frente a Candice Glover.
Y es cierto que se trata de una genialidad, sumándole ese aire de sencillez ancestral que acompaña a ciertos negros norteamericanos.
Candice tuvo que cantar con el alma en un hilo y bajo una lluvia de papelitos de colores que insistían en metérseles dentro de la boca. También bajo la mirada de ese señor omnisciente a quien ella misma dedicó la pieza (I am Beautiful) señalando hacia arriba.
¿Si esto no es fuerza, emoción, sentido de la vida y personalidad, qué nos quedará a los que ni siquiera conocemos el lenguaje?
Su familia disfrutó el triunfo en platea como si estuviera en la iglesia. Brazos en alto, entregada a ese señor.
Pero todos sabemos que, en Estados Unidos, hay muchas Candice. Ella misma se había presentado tres veces a concurso. Y nadie supo verla, ni siquiera el público. Así es la vida. Yo agradezco que al menos  algunos talentos no se pierdan en la nada, sobre todo los que, como Candice Glover, trabajan duro y creen en algo intachable.
(Publicado originalmente en www.cubanet.org)

martes, 23 de abril de 2013

Una foto inesperada





No habíamos contemplado la posibilidad de que Yoani Sánchez se hiciera una foto junto con José María Aznar. Y, la verdad, es preocupante que esta posibilidad no pasara por la cabeza, con la experiencia que da la vida.
En política cabe todo.
A partir de ahora habría que plantearse, por mucho que ella diga que no, a Yoani como un ente político, más que como una embajadora del amor y la paz.
En Estados Unidos se reunió con personalidades de todo tipo, desde políticos influyentes de diversas filiaciones, hasta celebridades artísticas del mundillo cubano como los Estefan, Willy Chirino, Andy García y todo cuanto famoso quiso recibirla y fotografiarse junto a ella.
Tal vez el propósito de la joven cronista, en esta gira mundial, sea transmitir a través de imágenes un sentido de unidad, que mucho lo necesitamos los cubanos, tan divididos durante años con la fatal confusión entre el Estado y la Nación. Pero, aun cuando Aznar haya acorralado al gobierno cubano con respecto a la Comunidad Europea  –el único político que lo ha hecho sin lugar a dudas-, por otro lado el ex presidente simboliza el ala más rancia de España, la llamada España Cañí, la retrógrada, la más conservadora.
Esto, sin embargo, no es lo más peligroso.
Su adhesión, como presidente, al gobierno norteamericano, su apoyo a la guerra de Irak, en fin, su presencia en la tristemente célebre foto de las Azores (2003), le ganó la repulsa de una buena parte de la sociedad española, que entonces, mayoritariamente, se opuso a esa guerra.
Aznar, incluso para algunos sectores de la derecha española, es un personaje gris y no muy bien recordado. En los medios ibéricos es motivo de burla todavía.
Yoani, colaboradora habitual de El País –un periódico de izquierda- debe estar enviando un mensaje con esta foto, porque inocente no es. Y tendrá sus razones, en este caso no tan claras como las que llevó a su coterránea Rosa María Payá a retratarse con Aznar.
Para nadie –mucho menos para los que hemos vivido en España- es un secreto que a la vieja metrópoli no le interesa la vida de los cubanos, que todos sus gobiernos –alternantes de partido- todavía sangran por la herida de la pérdida de una de sus más importantes colonias, que miran más por sus intereses económicos en la isla que por las libertades individuales de nosotros.
Particularmente creo que Yoani se podía haber ahorrado esta foto. Aunque es probable que ella tenga una respuesta que tal vez sea la más simple de todas.



lunes, 22 de abril de 2013

Guevara, apellido maldito en Cuba

El denominado Guerrillero Heroico ha sido desmitificado para mejor comprensión de la Historia de varias generaciones de cubanos, con la precisión de los hechos situando al Che en la jefatura de un pelotón de fusilamiento en La Cabaña, en márgenes de la bahía de La Habana, donde se ejecutaba al amanecer sin garantías procesales.
Por los mismos años –comienzos de eso que dieron en llamar Revolución y que a la postre fue todo lo contrario-, un intelectual de izquierda con el mismo apellido del Guerrillero Heroico se aliaba para siempre a Fidel Castro, pero no desde un puesto militar , sino desde  una comisaría cultural. Alfredo Guevara, a quien se le adjudica la fundación y fomento de la historia del cine nacional después de 1959, tendría en sus manos, a partir de esa fecha, un ministerio sin ser ministro. Ni falta que le hizo el cargo con todo el poder que manejó.
Fue una especie de protector de ovejas descarriadas que tenían talento y, por alguna razón, quiso resguardarlas de la mano dura que sin embargo era la que lo protegía a él. Todo un enredo para el que no conozca el sentido mafioso de la llamada Revolución. Unos se beneficiaron, se salvaron, y otros no.
En Cuba revolucionaria siempre fue imprescindible tener un padrino. Y Guevara, el dueño del cine nacional, fue uno de ellos.
Como comisario cultural dio alas, abrigó, sucesos tan importantes como las ediciones del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, donde no solo se veía y premiaba obras del patio, sino también importantísimas piezas de Brasil, Argentina y Perú que hubieran pasado de largo en otros lugares del mundo y en La Habana encontraron reconocimiento y público.
Pero por otro lado mantuvo una férrea dictadura dentro de la dictadura, como Alicia Alonso en el Ballet Nacional.
Alfredo Guevara fue una figura sagrada de cuya homosexualidad todo cubano supo sin entender por qué él mismo no defendió a esta minoría de la barbarie, marginación, holocausto ocurridos en los primeros años “revolucionarios”, mediante campos de trabajos forzosos, privaciones de beneficios, persecución, alienación de la militancia política, separación de puestos de trabajos y estudios.
Como muchas cosas, personas, sucesos de Cuba, terminamos aceptando que ese Guevara estaba ahí eternamente, tal figura mitológica, si tenemos en cuenta que la llamada Revolución ha sido eso, una mitología contemporánea.
El culto a la personalidad de ciertos nombres del Estado convirtió en figuras estáticas a seres de carne y hueso que, como seres humanos, estaban llenos de defectos, de resabios, a veces de bajas pasiones.
Pero, en fin, con este Guevara, hoy se acaba de marchar uno de ellos.

Este texto se publicó originalmente en www.cubanet.org