martes, 21 de abril de 2009

Vergüenza propia, un buen comienzo



Quisiera una semana de vacaciones para comenzar a poner en orden mis sentimientos. El trabajo detrás de un mostrador, vendiendo planchas para el pelo, para la ropa, para cocinar, vendiendo televisores, lavadoras, neveras, vendiendo algo tan espiritual como puede ser un reproductor de música en formato comprimido, me consume todo el tiempo.
Este blog se escribe desde una biblioteca municipal en el horario de almuerzo, dos veces, o una, a la semana. Quisiera al menos que el horario de almuerzo fuera más extendido para reflexionar en paz todas las noticias que llegan a través “del cable”. Hoy he revisado la prensa cubana del exilio y veo que las cosas están cambiando. Después de cincuenta años, dos glorias de la música, Omara Portuondo y Olga Guillot, se han vuelto a encontrar. Lo asombroso no es la coincidencia en un mismo lugar y tiempo, sino la buena voluntad de dirigirse la palabra. Omara, a quien la picaresca popular ha bautizado como la espía del fabuloso grupo Buena Vista Social Club, está tan mayor que vio el encuentro con su antigua compañera como una oportunidad histórica; y Olga, desterrada emocionalmente por la revolución de su país, le tendió la mano a lo que queda de vida, a lo que se pueda recuperar de la historia.
Los historiadores que comiencen a ejercer ahora tendrán que apurarse. Me da la impresión de que esto se está acabando. Un poeta del exilio, también mayor, Rafael Alcides, ha dicho en un encuentro de poesía de la Rioja, en España, que a veces se siente avergonzado de no haber muerto, aludiendo a la decepción que le ha supuesto la revolución cubana. Eso es muy fuerte, decir eso es tremendo.
A veces me siento avergonzado de haberme marchado de mi país. Ese sentimiento es difícil de sobrellevar. Sobre todo si, a veces, me siento tranquilo por haber conocido otro mundo y haber realizado viajes y acciones imposibles de realizar en Cuba. Me pregunto cómo se puede vivir en paz si un buen día descubrimos que somos esclavos del trabajo, de un trabajo que no es el que nos gusta hacer, pero que nos proporciona el sustento para no estar allá.
Ahora mismo que está el Facebook interconectándonos, reencontrándonos muy a pesar del tiempo transcurrido, ahora que ha salido un presidente norteamericano a hablar de nuestras familias, ahora que descubro, a través de internet, a decenas de artistas cubanos que se marcharon del país, y fueron proscritos en su lugar de origen, ahora que una amiga de la universidad, desde Florida, donde vive la gran mayoría de los que se fueron, confiesa no poder con la nostalgia de este blog, porque le afecta, le suma más nostalgia a la que ella posee, ahora me pregunto si tendremos fuerzas y tiempo para responder a todos los emails que forman parte del encuentro de nuestra nación.

4 comentarios:

Chantal Plata dijo...

Llanto tranquilo...
Conmovedor, muy conmovedor el post.

Ivandarx dijo...

Los trabajos allá (en la isla) y aquí (en la diáspora)siempre quedan en lo del sustento, agotan el cuerpo, pero si se es consecuente, si queda la voluntad del crecimiento, no cansan el alma. Al menos hay que vivir con eso, el alimento espiritual precisa del esfuerzo de creer que es posible encontrar satisfacciones, ¡porque las hay! Esta idea del trabajo como perfecto medidor del éxito personal es tan propia del mundo occidental que la pensamos como cierta a pesar de saber que hay un planeta más grande que el que conforman las naciones de occidente.
Y la escritura se agradece porque sabemos que es un síntoma de vitalidad. Unos precisan de sueños con millones, otros simplemente, de sentarse a escribir. Así de simple.
Las nostalgias son también individuales. Quizás duelen, no lo niego, pero hay que partir de aceptar que cuando uno emigra, no hay ningún lugar para el cual volver. La idea de lo conocido: el país, la casa, cambia o desaparece, y al parecer ha sido así, per secula seculorum.
abrazos

Wichy García dijo...

Yunta, si de algo te sirve, creo que tú sigues siendo periodista, crítico de arte y escritor, aunque no trabajes más para un diario importante de Cuba. Te buscas el sustento con tu tienda, es cierto, pero también tienes un blog en el que te expresas mucho más libremente que lo que nunca pudiste hacerlo allá, y llegas a más rincones del mundo que lo que llegan nuestros escuálidos periódicos habaneros.
Un día no muy lejano mucha más gente de la isla va a poder acceder a la red, a la nueva democracia de la opinión y la información 2.0, y verás como tu gorrión es menos emigrante de lo que creías.
Te lo dice alguien que demoró más que tú en entender que una parte muy importante de VIVIR se nos escapaba allí, en la tierra secuestrada, aferrado a la espera interminable del milagro. Esa dualidad entre nostalgia y cordura nos va a acompañar por mucho tiempo.
Pánfilo pena hoy por comida, nosotros por el muro del malecón. Así son las cosas y la tristeza de vez en cuando es inevitable, como a menudo es bueno alegrarse de no tener que aguantar más a Randy Alonso.

Silvita dijo...

Ah, la esclavitud de la vida moderna!
A veces cambiamos nuestra libertad por el sustento, qué remedio, y durante ocho horas al día -o más si la cosa está mala- somos lo que no somos y hacemos lo que no queremos. Todo para pagarnos el techo, la comida y algo más.
En mi caso ha habido de todo: a veces he tenido suerte y he trabajado en lo que me gusta, y otras veces he sufrido el sinsentido de trabajos de los cuáles no quiero acordarme.
Otras veces me he sorprendido, porque un trabajo que pensaba iba a ser aburrido y embrutecedor enriqueció mi vida: nuevas imágenes, conocimientos, experiencias, sensasiones, destinos. Nadie nunca sabe a qué sabe hasta que prueba!
Lo que sí han tenido de positivo todos los trabajos de mi vida es que me han permitido cuidar de mi, ser una mujer independiente. Y eso me parece bueno. Mi abuelita me lo decía: mija, la mujer tiene que mantenerse a sí misma para no tener que aguantarle paquetes a ningún hombre. Esa era la meta en su época. Ahora hay que encontrar el equilibrio entre trabajar para mantenerse y a la vez no tener que aguantarle paquetes al trabajo!
Yoyi, no desmayes, es hermoso ver como defiendes el espacio y el tiempo para tu espiritualidad.
Te deseo suerte, va y te aparece un trabajo que te haga feliz. No pierdas esa esperanza.

Ah... y esa verguenza por haberse ido de Cuba, chico? No te de pena, que somos PLANETARIOS, ciudadanos del mundo, y dondequiera que estemos tenemos derecho a estar.
La Isla donde nacimos está además donde estemos, porque la llevamos en la mente y en el corazón.
Salir y entrar de un país y visitar o vivir en diferentes países a lo largo de nuestras vidas, debería ser lo más normal del mundo. Es incluso un derecho oficialmente reconocido de los seres humanos.
Si alguien quiere que uno se sienta mal porque vivío en Cuba y ahora vive en otra parte... ese es su problema, no el de uno. O no? Creo que lo mejor es tratar de vivir la vida breve de uno lo más de acuerdo posible con la verdad que cada cual tiene en su corazón. Si esa verdad implica migraciones, pues caminante, no hay camino... se hace camino al andar.
Besitos a Yoyi y saludos a los que pasan por aquí.