jueves, 20 de mayo de 2010

Ciudad tomada por los hinchas



Por los pasillos del metro de Barcelona cantaban a coro y, los varones, piropeaban a las muchachas que iban en sentido contrario. No es usual: Aquí, excepto los albañiles a viva voz desde los andamios, nadie se mete con nadie. Pero ayer los hinchas del Altético de Madrid, sobre todo éstos, estaban desbocados desde primera hora de la mañana. Viajaban en los vagones del metro vestidos con la camiseta de su equipo, con la marca automovilística KIA delante. Rojo y blanco en rayas verticales que incluso, como se muestra en la foto, la tela sirvió de falda a alguna mujer.
Los seguidores del Atlético de Madrid estaban envalentonados desde que su equipo ganara una importante posición recientemente en Hamburgo. Ayer se decidía la final de la Copa del Rey, un partido que enfrentaba a los atléticos con los sevillanos. Es cierto que vinieron más de los primeros, ya sea porque en el AVE o por carretera lo tienen más fácil que los otros, o porque, como decíamos, estaban alterados últimamente.
El trasiego de rojiblancos me recordó las concentraciones de ingleses en esta ciudad cuando se discute un partido importante. Cerveza en manos –grandes jarras- desde que alborea hasta que termina el juego. Turisteo en grande con sombreros mexicanos encima (¿qué tendrá que ver México en todo esto?); cortejo salpicón y a veces hasta simpático con todo cuerpo femenino que se mueva en un radio de dos metros de distancia. Alegría y tono subido para esta ciudad cuya rutina y densidad de población hacen una combinación bastante mustia, estresante por gusto.
Entraban a los bares de los alrededores de la Sagrada Familia como mismo hacen los visitantes británicos, con la cara y los brazos y las piernas desconectados de la seriedad. Pude hablar con algunos altéticos mientras me tomaba un café. Estaban tan seguros de que ganarían por la noche que llevan la actitud de quien celebra por adelantado. Esa arrogancia es concerniente a las personas que lo dan todo por una ilusión, capaces de deshumanizar un escenario natural para convertirlo en un santuario, en un tema prácticamente religioso.
A eso de las ocho -¡pobre del que tuviera que viajar en metro hacia o desde el trabajo!- los atléticos se dirigieron al estadio para confirmar su triunfo. Unas pocas horas más tarde se anunciaba la victoria del Sevilla.
Nada está escrito de antemano en los campos de fútbol. Cualquier cosa puede pasar y no por esto habrá que perder la ilusión.
¿No?

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