lunes, 15 de octubre de 2007

De la mitología contemporánea



Cuando era un jovencito, conocí a un melómano de mi edad cuyo hobbie era descifrar las canciones de Silvio Rodríguez. Dedicaba horas a desentrañar la sintaxis del poeta/cantor, pegando el oído a su radio cassette y anotando al margen del original un texto suyo, que luego compartía abiertamente en atípicos círculos de estudio. “Aquí Silvio quiere decir tal cosa…”. Y era posible que nuestro amigo hermenéutico tuviera la razón.
En la universidad, muchos años más tarde, la profesora de gramática nos llevaba a veces ejemplos prácticos de tropos, metáforas y licencias poéticas provenientes del cuerpo de una canción del mencionado autor. Éramos tan jóvenes cuando tales letras nos hacían quebrar la cabeza, pues descubríamos en ellas la poética inusual, rompedora, hermética y a la vez original con la que soñábamos enamorar, hablar, escribir. Encima, nos cuestionábamos constantemente cómo el bardo era capaz de ponerle música a unas palabras tan rebuscadas; aunque no sólo a las palabras: los sintagmas eran –son, porque están grabados- un verdadero lío de musicalidad espiritual en el nivel superior del pensamiento humanista. Para complicar más el fenómeno social, no pocos se hicieron de una guitarra e imitaron a aquel rapsoda delgadito y con alopecia anticipada; pero chocaron con la complejidad de los acordes, del trasteo en el brazo del cordófono. No sonaba igual; sin embargo, se parecía a lo de Silvio, y eso nos valía para reunirnos a la intemperie en las escuelas en el campo.
Más o menos así se fabricó un mito de la lírica universal que en los tempranos años 60 –comenzaba eso que se ha dado en llamar revolución- destacó por su rebeldía en todos los aspectos contraculturales del sistema imperante.
No sabemos exactamente por qué hoy en día apenas ofrece conciertos populares en su país, ni por qué vive como un empresario aburguesado de la periferia protegida de la ciudad, ni qué lo motivó a alinearse a los caprichos del gobierno que lo censuró antes, ni cuál es el origen de sus declaraciones de principios, desfasadas con la actualidad de su país; hipócritas y embusteros alegatos.
Ha cumplido 60 años, dice el periódico, y ahora escribe sobre la realidad de su país, apunta además la plana de esta localidad. No es que queramos hacer la puñeta revisando los diarios, pero no hemos perdido la memoria como para obviar la trayectoria del versificador más oportunista que hemos visto pasar por delante de nuestros ojos. En la misma medida en que un ser humano destaca ante la muchedumbre, es de suponer que se espere de él la mayor coherencia, al menos, ética. Silvio Rodríguez ha podido viajar y decidir dónde poner su campamento. Comparar los sistemas –el capitalismo feroz y el socialismo edulcorado- y sacar cuentas tentativamente eficaces. Sabemos que en Cuba no hay otra opción que alinearse al poder si se quiere vivir del pasado, de los derechos de autor, de la hipocresía.
El Teatre Musical de esta ciudad se llenará, posiblemente, los días 22 y 23 del corriente mes con los nostálgicos de la era Nueva Trova progresista, de aquella etapa cuando, según el propio encartado en estas líneas, “la era (estaba) pariendo un corazón”. Al cabo de casi medio siglo se ha demostrado que lo que estaba alumbrando era un estado inamovible, dictatorial, y es una pena que haya sido así, porque fue hermosa la ilusión de cambiar el orden de las cosas, y alimentó más de un desafuero como el de mi padre, que prefirió quedarse con una muda de ropa y una preciosa mujer combatiente, haciendo el amor en los camiones del corte de caña. Se decantó por esa opción en lugar de embarcarse hacia La Florida. Luego nacimos nosotros….pero de ese episodio familiar ya hace más de 40 años. Como los tengo cumplidos, y, contrario a mi padre, brinqué el charco hacia este otro lado del mundo, llevo varios días tratando de ignorar el cartel promocional del concierto del poeta, pegado en un pirulí en la esquina de mi casa. Hasta hoy, que me provocó más de la cuenta encontrar en el periódico unas palabras suyas insultantes:
“Nadie sabe lo que es el comunismo”.
Hay que matizar, compañero. ¿A qué comunismo te refieres? ¿Al de los postulados marxistas o al que se puso en marcha en este planeta?


Otoño 2007

9 comentarios:

Ana dijo...

Hola Jorge I. Hace poco tiempo descubrí este cantante de la mano de un ex compañero de trabajo y la verdad, no conocía nada de la historia que acabas de contar. Debe ser realmente irritante ver dicha hipocresía en una persona que significó tanto para vosotros en la juventud. Es como un insulto, una bofetada en la cara que te deja perplejo, pero como un gran luchador que eres, haces muy bien en no quedarte callado y exponer de esa forma tan tuya, la cual sabes que me encanta, cuál es otra de las verdades de Sergio, porque verdad no sólo hay una, y él seguro tendrá sus motivos para haber hecho lo que hizo... aunque desde mi punto de vista, ahora un poco más informado por tu relato, no tiene excusa ni prácticamente perdón. En fin, hay mucha gente que tiene una gran palabrería, pero no comulga con sus valores y pensamientos... Quizá un día sí que fueron reales sus mensajes a modo de canción... quizá tan sólo fue una forma de conseguir lo que ahora tiene... eso tan sólo lo sabe él.
Ante eso, creo que todos aquellos que intentamos seguir fieles a lo que son nuestros ideales, deberíamos actuar no aplaudiendo a personas como esas... por supuesto, está en su derecho de ser y hacer lo que desee, pero yo también estoy en mi derecho de no apoyar a su actitud.
Un abrazo

Ana dijo...

jejeej perdón le cambié el nombre a Silvio por Sergio... Puede que estuviera tan enfadada que me negaba incluso a aceptar su nombre...

Hasta pronto

Jorge Ignacio dijo...

Pues sí, Ana, nadie tiene la verdad, pero todos tenemos o debemos tener una opinión, y el derecho de exponerla. Me lo pensé para escribir algo así, y la verdad es que como Silvio hay muchos que nos traicionaron, lo que él es una figura muy pública, y duele. Creimos en él como el devoto a su santo. Gracias por tu comentario, y por la visita.

Ivis dijo...

A mí me gusta mucho como artista, pero tienes razó en que se ha comido el millo con su oportunismo. ¿Por qué lo hace? ¿Por qué se ha enfangado tanto pudiendo quedarse en un lugar discreto, hacerse a un lado? Esa sería una buena pregunta para una entrevista de verdad. ¿Te atreves a hacérsela?

Jorge Ignacio dijo...

Por supuesto que me atrevería, aunque creo que no me daría la entrevista. Querida Ivis: el poder corrompe, y tener la posibilidad de vivir en la Cuba de hoy con un alto standing sin que nadie te toque un pelo, eso es poder. No todo el mundo está dispuesto a emigrar. Tú y yo lo sabemos, lo duro que se presenta la nostalgia, que muerde, araña, seca o intenta secar la salud mental. Eso sin contar que la mayoría de las veces hay que trabajar en el puesto más insospechado. Silvio tenía dos opciones, o tres: quedarse en un semianonimato, como Noel Nicola, emigrar, o aprovechar el poder. Un abrazo desde el otro lado del Mediterráneo.

Jinetero… ¿y qué? dijo...

Yo amé y amo las canciones de Silvio. También enamoré con sus textos e hice de él una referencia obligada para hacerme pasar por poeta en otras tierras. Ahora cargo en formato MP3 todos sis discos, o los que había grabado antes de que yo me fuera o él se convirtiera en eso que nada tiene que ver con lo que yo amé.
Bueno, pero a veces me pregunto. ¿No habría hecho yo lo mismo estando en su lugar? Yo no soy santo y estoy muy lejos de ser perfecto. Por eso a estas alturas que los años empiezan a pesar y la distancia te dobla las rodillas, escojo las cosas que me pueden dar alegrías, como si cogiera un caramelo y echara el papel en el cesto más cercano.

Infortunato Liborio del Campo dijo...

La Era parió a Silvio Rodríguez, pero murió en el parto.

Jorge Ignacio dijo...

Coincido con "Jinetero...¿y qué?" en el hecho de que la música, como los perfumes, no se olvidan jamás, y sirven para alimentar el alma, y es lícito desligarla a su hacedor. Porque la música es un regalo. Pero, con esta crónica, quise decir que me costaría pagar unas entradas para ver al autor. Llego hasta el formato MP3. Tengo en casa la discografía completa de Silvio. Gracias.

Isaeta dijo...

¿Por qué lo hizo?

Si vieran la casona que tiene en Siboney, rodeada por un enorme jardín, guarnecida con una tapia maciza y alta... adentro dicen que tiene hasta sus estudios de grabación, esos que él bautizó como "Colibrí" y luego están los habituales viajes, el contar con él para cada concierto, el poder disfrutar al mismo tiempo de la fama, del mundo entero y del calor y el verdor de su tierra natal.

No tener que limpiar escaleras, vender en una tienda cualquiera, hablar en una lengua extraña, alejarse de Violeta, sufrir la verdadera "Melancolía" que no se parece en nada a aquella "damisela soledad"....

Por eso yo prefiero no escucharlo demasiado aunque también tengo la discografía completa.
Para quienes escogimos volvernos invisibles, no existir, apagarnos como una vela y salirnos de la vida pública, la actitud de Silvio hinca como una enorme espina.