jueves, 12 de junio de 2008

El tiempo lo borra todo (no siempre)



Ahora que ha vuelto Risto Mejide (1) a la pantalla de casa, con su personaje de zorro capcioso tan bien elaborado, he pensado toda la semana sobre lo que estamos dispuestos a aceptar por una ilusión. Las televisiones se nutren constantemente de la gente joven y no tan joven que ve el fenómeno mediático como un posible camino para el desarrollo personal. También, por qué no, para ganar dinero, entendiendo tales ingresos como parte del crecimiento individual.
Por otro lado está la verdadera vocación retenida o en ciernes, urgida de un descubridor que a veces, la mayoría de las veces, no llega. Y el talento puesto en manos de estos depredadores que son los espectáculos de la pequeña pantalla. Siempre habrá gente dispuesta a pasar por la piedra afilada y seca de esta maquinaria, de la misma manera que hay un público esperando por tales propuestas, aburridos o hastiados de trabajar, en el sofá como búhos que somos chupando por nuestras pupilas la puesta en escena de turno. Prefabricadas y manejadas por hilos invisibles, con toda la tecnología de punta a su servicio, pero, puestas en escenas al fin y al cabo, a veces se presentan fisuras.
Este año el inexplicable Risto ha tenido una tanda de muchachos respondones, algo que le ha dado más juego al programa/academia, que de lo segundo ya tiene muy poco. Hemos visto más atrevimiento en los participantes, y he estado recordando a la mulatica virtuosa y echá p’lante que se presentó en otro reality, el de danza, en otro canal. Los cubanos, lo sabe bien mi mujer, somos demasiado hedonistas como para permitirnos que alguien nos avergüence en público, y nos lanzamos contra la pared si es necesario, aun perdiendo el medio juego o el partido completo. Parte de idiosincrasia, mitad de malformación revolucionaria que nos enseñó a mirarnos poco más lejos del ombligo, lo cierto es que nos cuesta perder la dignidad por el camino, aunque perdamos, a veces, un empleo, un puesto de trabajo.
La flaquita, que bailaba muy bien –todo hay que decirlo-, prefirió encararse a unos de sus compañeros cuando la enviaron a limpiar los baños de la “academia”. Limpiar un baño no es humillación si te apetece limpiarlo o si te urge hacerlo en tu casa, o si te toca por programa general en una vivienda de convivencia; lo que sí es humillante que te toque hacerlo como castigo. Y ella tomó los utensilios con mucha fuerza, pues sabía lo que se estaba jugando, aunque no permitió la burla. Se plantó a uno de sus homólogos y le dijo:

-¡Fíjate bien, yo soy negra, pero no soy esclava! Así que te vas pa’ la pinga!

Eso en televisión, en Cuba, es imposible decirlo, porque todos los programas son diferidos y se trata de una mala palabra mayor. Lo cortan simplemente. Aquí pasó a la audiencia, que no sabía el significado de la frase, pero, así y todo, no la perdonó por su soberbia y la echó de la competencia a través de mensajitos SMS.
Se llama Massiel y baila muy bien, y tiene la boca salá.




Notas: (1): Publicista devenido en bestia negra de los concursantes de Operación Triunfo, el programa surtidor de talentos vocales que a veces entronca con la telebasura. Risto se ha vuelto un personaje mediático utilizando palabras duras y faltas de respeto. Su presencia en televisión es un signo agudo del Todo vale que, por lo menos a quien escribe estas líneas, asusta tanto.