miércoles, 12 de enero de 2011

Carga semántica



El pariente cercano

Levamos unos días con dos noticias dando vueltas por los informativos españoles, dos revelaciones extremas entre sí y a la vez capaces de producir muchas entradas de despachos noticiosos en igual medida. Una es el anuncio de la banda terrorista ETA de un alto al fuego. La otra da fe de que Shakira se ha separado de su histórico novio.
Después de unas largas fiestas de fin de año y comienzos de otro, los medios audiovisuales se ven en la obligación de replantearse su imagen corporativa, remover sus platós, sus presentadores (as), sumando a estas mudanzas el hecho siempre inevitable de que la entrada de enero deje los informativos vacíos de contenidos, luego de gastárselas todas con los agraciados del Premio Gordo de la lotería nacional.
Es cierto que se esperaba, para finales de 2010, un comunicado de ETA en el que se anunciara su disolución, cerrando así no solo el año, sino, además, treinta y pico de años de violencia en toda la geografía nacional, o lo que es lo mismo: clausurando el principal problema que verdaderamente enfrenta este país. Pero, según nos ha dicho el vicepresidente primero de gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, no debemos fiarnos de esta alocución encapuchada –esta vez fue trasmitida en euskera y en castellano- ya que se puede tratar de una estrategia de la banda. Aunque muchos analistas coinciden en ver aquí un principio del fin, teniendo en cuenta lo desmantelada que está ETA a día de hoy, y gracias, en buena medida, a la actuación del propio Rubalcaba como Ministro de Interior.
Este señor de calvicie prematura, verbo correctísimo y al mismo tiempo original, insiste en que no es lo mismo un alto al fuego permanente –dicho así por los terroristas- que un alto al fuego definitivo. Hay un matiz obligatorio de distinguir entre estas dos palabras. Él es un experto en decodificar las intenciones, movimientos, lenguaje de aquellos independentistas extremos vascos. Lleva años estudiándolos y pisándole los talones, hasta dejarlos, como ahora, prácticamente en cueros.
Es una verdadera pena que no podamos hablar todavía de desintegración, desarme total y alto al fuego definitivo en España, cuando ha pasado suficiente tiempo desde que los activistas del IRA, en Irlanda, cerraran sus capítulos sangrientos e invitaran a los terroristas de aquí a hacer lo mismo.
Hay mucha gente esperanzada en que Alfredo Pérez Rubalcaba actúe como gestor del cese definitivo del terrorismo. Esperanzada en que, pronto, nos dé por buena una alocución de los encapuchados. Él mismo confesó ayer en un programa de televisión que si hay una cartera difícil de llevar en este país, esa es la de Ministro de Interior. Rubalcaba no suelta prendas en cuanto a sus deseos de ser presidente español, ya que, se baraja, será el sustituto de Zapatero en las próximas elecciones. No dice ni que sí ni que no. Simplemente sonríe con dientes de conejo y recuerda que hay cosas mucho más urgentes para hablar.
No es guaperas, no es figurante, no es retórico.
Es un tipo físicamente común, apellidado en primera instancia Pérez, pero todo el mundo se empeña en identificarlo como Rubalcaba. Igual que, desde el principio, hicieron los españoles con Zapatero.

Foto tomada de la televisión