jueves, 20 de noviembre de 2008

Regreso a Ítaca



Vestigios del socialismo (VII)


Un médico, ginecólogo, especialista en infertilidad, se detiene en un semáforo en las viejas calles de La Habana, en un Fiat Polski color naranja. Al automóvil le decíamos sacapuntas, por las pequeñas dimensiones y el diseño casi cúbico; pero ahora, más que sacapuntas, el humor criollo le nombra fosforera (en España serían mecheros), por el bajo consumo de combustible. Se trata de un coche de fabricación polaca con motor de dos tiempos –como una moto-, con la mecánica detrás y el maletero delante, planteado para adolescentes o mujeres estándar, más bien asiáticas. Un hombre polaco de 1 metro 80 no cabe en su interior. En Cuba, entran el conductor – del alto y ancho que sea-, el acompañante y tres amigos detrás.
Para ese doctor -que, además de conseguir gestaciones humanas casi milagrosamente durante todo el año, realiza un promedio de cuatro interrupciones de embarazos diarias-, el pequeño Fiat significa un desahogo importante en la vida cotidiana, por la pésima situación del transporte en su ciudad. Además, el carro le otorga una distinción entre sus conciudadanos: un mechero así es un lujo, sin exagerar. Hace cinco años, la clínica barcelonesa Dexeus, de amplia referencia internacional, le otorgó una beca pero el estado cubano no lo dejó asistir.
Detrás, en el mismo semáforo, está ubicada una pareja de abogados, él con casco protector y ella con su melena al aire. La pareja se mueve por las mismas calles en una MZ de 150 centímetros cúbicos, de fabricación alemana, pero de la Alemania del Este, la extinta RDA. Tienen ese ciclomotor producto de un cambalache que hicieron en una permuta de inmuebles, hace algunos años. La moto gasta poco, y, al igual que el médico, les lleva y trae de un lugar a otro.
Él es un reconocido abogado defensor, especialista en criminología y tráfico de divisas y estupefacientes; ella es una experta en derecho de familia y trámites de vivienda –quizá, de ahí, el chanchullo de la permuta que les proporcionó el ciclomotor-. En casa, el único teléfono móvil que poseen no para de sonar reclamando ayuda para importantes procesos judiciales, y el coste de la llamada lo pagan a medias el solicitante y el letrado. En Cuba es así: la telefonía móvil se paga en ambos sentidos de dirección.
Esta pareja de abogados ha conseguido vivir sola, aunque cerca de los padres de él. Tienen la casa amueblada con gusto y algo de estilo bohemio. Son felices porque se quieren y disfrutan de sus amigos y de sus logros laborales, pero, como la gran mayoría de los profesionales cubanos, tienen que hacer maromas para llegar a fin de mes, si es que llegan, porque en la isla se juntan los días con gran facilidad. La vida y el paso del tiempo se miden por los cumpleaños de los seres queridos.
El único motivo de infelicidad que les embarga –ya no hablemos de dinero, de poder adquisitivo- es que no han podido concebir un hijo, y el Dios Cronos se les echa encima.
En el semáforo hay un contratiempo. El pequeño Fiat comienza a soltar humo por detrás. El conductor de la moto queda extrañado y le comenta a su mujer:
-.¡Qué raro! Esos polskis funcionan con enfriamiento por aire. No debe ser la correa del ventilador porque no tienen ventilador.
-Ve a ayudarlos, Pipo-dice ella.
Arriman la moto a la acera. El abogado se acerca al médico y le hace un gesto con las manos y con la cara y el afectado responde:
-No sé qué será. A lo mejor se fundió el motor de una vez y por todas. Lo peor es que tengo una comida esperándome.
-¿No será en la Avenida 26?-pregunta el abogado.
-Sí, ¿cómo lo sabes?
-Porque yo también estoy citado para una comida en esa calle. ¿No serás el médico amigo de Jorge Pérez?
-¿Jorge Pérez el que vive en Barcelona?-pregunta el ginecólogo.
-Sí, el mismo.
Subieron al médico en la moto. Se apretujaron los tres. Dos horas más tarde, estaban hablando de política, de la desaparición de los huevos de granja y de la inauguración de una iglesia ortodoxa rusa en una zona residencial de la Habana. Degustaban un vino tinto catalán y embutidos ibéricos. El médico y el abogado tenían mucha afinidad. A ambos les gustaba la poesía, la canción trovadoresca, el cine, la copita de ron los sábados por la noche en casa.
En plena velada, formaron un mundo aparte. Tenían más o menos la misma edad. Llegada una pausa en la conversación, el ginecólogo preguntó a su interlocutor si ellos tenían hijos. La abogada estaba escuchando sin querer. Miró a su marido llena de ternura y lo dejó hablar.
-No hemos podido concebirlo. Creo que ya es demasiado tarde.
-Perdóname por la pregunta; ciertamente a veces es indiscreta, pero se debe a una deformación profesional-comentó el médico.
-No te preocupes, estamos acostumbrados-apuntó el otro y extendió su brazo por encima del hombro del facultativo.-¿Qué haces aquí?-disparó de repente cambiando de tema.
-¿Aquí en esta reunión?-precisó el médico.
-No, aquí en este país. No sabes el dinero que ganarías en otro lugar.
-Lo sé, y traté de irme, pero no me dejaron. Luego la vida se encaprichó en retenerme a través de una bella mujer y de una niña preciosa. Ahora es demasiado tarde para plantearme un punto de giro. ¿Y tú qué haces aquí?¿Sabes lo que ganarías en un bufete de asociados?
-Entre la moto, mi mujer, la criatura que hemos estado buscando y los postgrados de ambos se nos ha ido el tiempo. Este orden de cosas es aleatorio, no lo tomes a pie de letra.
Quedaron para verse. Se tomaron los teléfonos, las respectivas direcciones. El médico no le prometió nada a la pareja, pero se quedó pensando en citarlos pronto para su consulta.
-Si me llamas al móvil-adivinó el abogado-,déjalo que suene para responderte desde un teléfono fijo. Ya sabes cómo están las cosas.
La pareja de abogados se ofreció para llevarlo en la moto hasta el hospital, porque el ginecólogo entraba de guardia.
Se les vio irse a lo lejos, ella en el medio, como un entrepán, y las dos ruedas bajas de aire, casi raspando el camino.


(Continuará…)

7 comentarios:

Alazan dijo...

Hola!!! Jorge, como estan?
Esta historia parece de ciencia-ficción, pero para aquellos que hemos vivido en esa maravillosa ISLA(por su naturaleza y su pueblo)savemos que es la cruda realidad del dia a dia...
Saludos, Eduardo.
PD. Las guardias medicas en Cuba no son pagadas(no reciben ningun dinero a cambio) suelen entrar al trabajo a las 8.00 am de un dia Lunes y salen a las 4.00 pm de un dia Martes, osea 33 horas de trabajo seguidas, en el mejor de los casos te tocan 4 guardias al mes...

Jorge Ignacio dijo...

Querido Eduardo: debo decirte que esta historia es real, solo maquillada por un pelín de ficción. No pongo los nombres de los actores porque es representativa la situación, representa la vida de muchos profesionales. te enviamos un fuerte abrazo de fin de semana. ¡cuídate, Cuadro!

Puchungurria dijo...

Hola Jorge,
Esta buena, la veo muy real, siento como si la hubiera vivido, esto me pasa cuando me identifico.
gracias por los recuerdos

Jorge Ignacio dijo...

Hola, muchacha. bienvenida. gracias por la visita.cuídate del frío. tu hijo ha retratado un árbol muy bonito. en 100 y Boyeros se encuentras muchos caminos. te espero en este blog. un abrazo.

Grettel J. Singer dijo...

yoyi, te mando un fuerte abrazo desde miami. el año pasado por estos días arribábamos a barcelona. fueron unos meses maravillosos.
muchos besos a maría. cuando quieras pasa por mi blog, aunque los temas son muy femeninos, por no decir feministas.
besitos,
grettel

Anónimo dijo...

http://canaldocumental.tv/index.php?option=com_content&task=view&id=716

Este magnifico documental tiene que ver con tu ultimo viaje a la Habana.
Un abrazo
Luis Peña

Jorge Ignacio dijo...

Luis Peña: acabo de ver el documental y es muy bueno, duro, hiperrealista. Pero así es la vida, y no hay que adornarla. Digo que así es la vida entendiendo a la muerte como parte de la vida.
en este documental de cine "aficionado" acabo de ver lo que no quise ver en la exhumación de mi padre: los pequeños detalles de la circunstancia. Pero me los había imaginado. No fue tan duro verlos ahora, porque ya tengo la misión cumplida. Gracias por el vínculo con esta página de cortos y medio metrajes cubanos. Es buenísima. En estos días terminaré la serie del viaje a la habana para poder continuar con el día a día en Barcelona. un abrazo.