lunes, 20 de febrero de 2012

La gala más allá de los Goya


Dicen que el día en que deje de existir esta gala se perderá todo el glamour. Es un esfuerzo que hace la farándula por subsistir. ¿De qué valdría emprender todo un año de trabajo –con esporádicas apariciones en la prensa- si luego no hay una alfombra roja por donde desfilar un vestuario –o una vestidura- que demuestra que este país está a tono con el mundo?
Son tan importantes los lauros a obtener como el pase de diseñadores que se lleva encima. La frivolidad es otro eslabón de la vida, querámoslo o no, pero es así. Por eso se veía a José Coronado –ganador finalmente de un Goya- incómodo en ese asiento, manteniendo el tipo delante de las cámaras, primeramente, en el vestíbulo. Es un actor comprometido con el hambre en África y es un ser consecuente con el arte para el cual estuvo predeterminado.
Por suerte, los noticieros aquí son serios y no abrieron con la entrega de premios del séptimo arte nacional, sino con la noticia más importante: las movilizaciones en varias ciudades como respuesta a la reforma laboral del nuevo gobierno. Siempre miro los telediarios y evalúo la cordura en dependencia de cómo abren. Pero ahí dentro, en la gala, que tuvo lugar anoche en el Palacio de Congresos de Madrid, se jugó a hacer política mediante el desgastado humor nada rebuscado, como es costumbre.
Nada que ver el estilo de El club de la comedia permanente en Eva Hache. Esas fórmulas aburren por muy ingeniosos que sean los gags. Es como si se complacieran a ellos mismos, riéndose un poco –Almodóvar no dibujó gracia alguna ni se apartó las gafas de sol- para pasar un buen rato, y mañana será otro día. Desafortunadísimo, además, el cabaret de Eva Hache al principio -¡nada más y nada menos que al principio!- con un desafinado que no se permitiría ni el más remoto casal de la tercera edad.
Y como siempre, echan mano de un cómico que las salva todas, el polifacético Santiago Segura, quien improvisa muy bien y deja las cosas claras en código de humor: Ni siquiera me han nominado pero de todas maneras estoy aquí, dijo más o menos para recordar que su saga de Torrente, con lo que recauda, es capaz de pagar la producción de varios de los filmes en concurso que casi nadie va a ver. Y no es que Torrente sea la sustancia que me guste para alimentar a este país, sino que el enganche sórdido de Segura es una realidad.
Ni el correctísimo Antonio Banderas, ni la presencia de su mujer, ni la bella Salma Hayek, que son figuras de otra dimensión, pudieron evitar que la XXVI gala de los Premios Goya fuera aburridísima y larga, con todo lo que cuesta hacerla.
Si no fuera por Isabel Coixet, quien al recoger su premio por un documental sobre Garzón, manifestó apoyo total al juez que hoy mismo ha dejado de ser juez, me hubiera parecido que nada iba en serio.
Por supuesto, no dudamos de la calidad de la multipremiada película No habrá paz para los malvados, ni de otro título, Eva, también con varios lauros, del cual, según he leído, apenas se ha recaudado en taquilla; pero estos productos, más allá de la gala, son harina de otro costal.

En la imagen, Eva Hache bromea con Antonio Banderas (foto Pepe Caballero)