viernes, 1 de abril de 2011

La gran tomadura de pelo



Carter y Castro en una sala de té

Si mi padre viera a estos dos viejecillos conversando tranquilamente y tomando alguna infusión en una terraza estilo colonial, estoy seguro de que se sentiría ofendido. Le dolería en el alma no haberse marchado del país cuando era joven y le dolería más haber entregado parte de su vida a esa Revolución fantasmagórica; inventada, sin principios éticos, en un laboratorio.
La senectud es un privilegio del que algunas personas, como las de la foto, gozan por obra y gracia de truculentas maniobras, llámeseles diplomáticas o estratégicas; es lo mismo. Lo cierto es que cuesta digerir la imagen de una merienda habanera distendida cuando estos mismos ex presidentes encabezaron un mundo bipolar del que los cubanos hemos sido víctimas a lo largo de los años, porque el mismo Castro de la foto nos enseñó a odiar a los “americanos” y a burlarnos de sus presidentes. De James Carter nos mofamos –supongo que yo también- gritándole “carterista” en las concentraciones de la vía pública, así como a Nixon se le cambió la X por la esvástica nazi y se le alargó la nariz en las pancartas “revolucionarias”.
Nada ha cambiado desde entonces y estamos hablando de más de 40 años.
¿Será que todavía el Estado nos subestima?
Fidel Castro es un sinvergüenza que ha manipulado la historia hasta donde ha podido, pero James Carter debería respetar el Premio Nobel de la Paz que le fue concedido; debería honrarlo no presentándose en la sala de té y así nos honraría a nosotros, que hemos sido trasladados al exilio, por un lado, y a la miseria material por el otro.
Porque todos sabemos que la reciente visita a Cuba del “mediador” –Carter realizó un viaje idéntico en 2002- no cumple el objetivo de ir liquidando la dictadura, sino el intento de extraditar a Alan Gross, el empresario norteamericano que Castro tiene entre rejas.
Mi padre siempre me aseguró que los EEUU y Cuba no son tan enemigos como parece, que todo era un juego político. Esto está comprobado históricamente y por tal motivo, entre otros, me marché de la isla. Pero me pregunto, viendo a los dos ancianos negociando off de récord, me pregunto este año que mis hijos nacerán en el exilio –vienen dos criaturas juntas-, me pregunto por qué continúan ofendiendo a la opinión pública.
He leído en la prensa que los blogueros cubanos afincados en la isla, los no “oficiales”, le han regalado a James Carter un estuche con diferentes presentaciones de maní, dulces y saladas. La escena carga un simbolismo extraordinario; es una bofetada de guante blanco mucho más elegante que cualquier acto protocolario efectuado en una magnífica sala de té.
El maní o cacahuete ha sido el alimento transgresor que pasó de mano en mano en los años más duros de hambruna nacional, los primeros años de la década de 1990. El maní es parte del folclor, es la esencia de ese pueblo callado y a la vez luchador. La poética interior de ese regalo a Carter compagina con el, quizá, mejor trabajo fílmico realizado en todos estos largos años: Suite Habana, docudrama de Fernando Pérez que ha fotografiado, nunca mejor dicho, la miseria cubana y, faltaría más, a ese manisero pobre pero honrado.
Si James Carter tiene vergüenza aceptará el obsequio de los blogueros; no como una burla, sino como una lección de humildad.

Vea el documental Suite Habana íntegro aquí.
La imagen superior fue tomada por Alex Castro, uno de los hijos del dictador.

5 comentarios:

Álvaro de Álvarez dijo...

Yoyi... tan de acuerdo con tu post que algún comentario parecido ya había hecho. Es algo increíble.

Jorge Ignacio dijo...

Sí, Alvaro, esto nos ofende sobremanera. Existe una opción para estos políticos sin tener que claudicar: mantenerse callados. Pero parece que nos les basta con las humillaciones...Si es verdad la ofrenda del maní, me parece genial.Ni el mismo Carter comprendería jamás el simbolismo. Un abrazo desde este exilio compartido por muchos.

Inés Bobadilla dijo...

Sobrecogedor... No cabe ni el protocolo ni la diplomacia a estas alturas con tantas canas caducadas haciendo alarde de merienda. Era preferible que cada viejecito quedara balanceándose tranquilo en sus portales o terrazas. Es humillante Yoyi... tantos años de odio que nos sembraron en contra de los gobiernos de los EU para justificar el maní que nos comíamos.
No sé si a tí te pasa igual, aquí veo que la gente disfruta comiendo cacahuete (maní) y yo lo aborrezco, somos una generación manisera.

Silvita dijo...

Vivir para ver.


Por cierto, que los chinos de la plaza de Mölevången, aquí en Malmö, venden turroncitos de maní acaramelado, igualitos a los de La Habana, en sus nailitos y todo. Sólo que en porciones más pequeñas. El maní acaramelado es un invento chino.

Anónimo dijo...

Que vergüenza!!!!La hipocresia oficializada no tiene limites en Cuba!!!
Un saludo ROBERTO