
Desde Tirana, adonde llegaron este último sábado, reporta su visión de los lugares:
Visita y encuentro con Mostar
Aquí se hace más palpable que hubo una guerra. La ciudad no está tan cuidada como Dubrovnik. La gente varía mucho en dependencia de en cuál lado del puente viven. En un lado se es muy amable y en el otro más frío. Aquí la gente no habla de la guerra, pero está la huella en las calles y en las casas llenas de agujeros de balas, o en casas totalmente destruidas. Esto, en Dubrovnik, no se veía. Allí todo había sido restaurado.
De momento el único que directamente nos ha hablado de la guerra ha sido el propietario del piso que teníamos alquilado en Dubrovnik. Nos comentó sobre el terror de la gente, que mucha no puede continuar con una vida normal sin medicarse. Nos dijo que Serbia había arremetido brutalmente contra Bosnia y Croacia matando a familias enteras. En Serbia, sin embargo, la gente habla mucho del conflicto porque lo considera una guerra civil, mientras que en el resto del territorio se entiende como una invasión a discreción. De hecho, los grandes generales aún residen escondidos en Serbia protegidos por el gobierno. Todos los países de alrededor quieren indemnizaciones, pero Serbia se defiende con el discurso de que no le debe nada a nadie porque lo que pasó fue una guerra civil.
En Tirana
Es una ciudad que en muchas cosas parece más avanzada de lo que es. En ese aspecto me recuerda a Nueva Delhi. Estoy impresionada al ver que la mayoría de los coches de aquí son de alta gama (Jeep, Rover, BMW, Mercedes, 4x4), pero vienen de los robos que las mafias tienen organizados. Aquí se venden a precios muy bajos estos coches. Se les nota que vienen de no tener nada o casi nada a poseer muchos bienes materiales. La gente de Albania, o sigue vistiendo con ropas tradicionales, o las chicas parecen del todo del occidente europeo, pero de las chicas fashion, quiero decir. La arquitectura también es un caos: encontramos edificios de todos tipos y épocas. Lo único que unifica es que a los edificios los han pintado con mucho colorido; es como si la ciudad fuera un gran tablero de parchís. Los puestos de venta que más abundan aquí –como en Bosnia y Montenegro- son las fruterías en las calles. Luego están los miniestancos: gente muy mayor con una cajita de cartón llena de paquetes de tabacos. Se nota que es una ciudad que ha pasado de no tener nada a poder conseguir cosas rápidamente gracias a las mafias. Esto les hace perder la identidad que tenían hasta ahora y hacen un cóctel de todas las posibilidades.
Besos y hasta pronto.
Nota y pie de foto:
Buscando la manera de ilustrar este texto, capté un ángulo de la plaza de Sant Felip Neri, en el barrio gótico de Barcelona. Impresionan los impactos de balas en la fachada de esta iglesia antigua, que fue utilizada por las tropas profranquistas como paredón de fusilamiento, en enero de 1938. Ahora la plaza es un remanso de tranquilidad y también escenario para el cine o para videos promocionales, por la tristemente célebre textura de las paredes.
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