viernes, 4 de marzo de 2011

Bessons



Esta vez superé la mudanza en menos tiempo que otras, quizá debido al entrenamiento del emigrante. Recuerdo que, diez años atrás, por muy pocas cosas que llevara en un traslado, cada cambio de vivienda me suponía un proceso de adaptación doloroso. Ahora es muy fácil definir las estrategias para embalar las cosas: Los zapatos aparecerán algún día entre las cajas de la cocina. Y, por otra parte, he aprendido a conseguir transportistas emergentes con mejores precios.
En definitiva, ellos también llevan la casa encima como un caracol, igual que yo. Así que nos entendimos a la primera seña. Se hizo la migración en un solo día, con golpes leves y clases de español. Uno de los braceros, de Pakistán, acababa de llegar a Barcelona. Mientras me esforzaba por manejar mi rudimentario inglés, el hombre, de casi dos metros de altura y sonrisa fácil, me pidió encarecidamente que le hablara mi lengua, para aprender a defenderse en esta selva asfáltica. Un poco torpe, eso sí, al término de la jornada era capaz de sustituir el “The end; torn right” por “Al final del pasillo, a la derecha”. Olía mal, a bracero, por supuesto, y tenía al menos un hábito "primermundista”: Tomaba agua embotellada.
Al cabo de un mes de abandono de este blog (quizá algún día cuente con lujo de detalles qué pasó en todos estos días), continúo con el rostro del transportista delante de mí, como si ese hombre intentara decirme más cosas. Ahora que acabo de encontrar la caja con mis zapatos, pienso en que he sobrevivido con los puestos sin que sucediera algo grave. Pienso en él y en su familia de Pakistán, en las distancias de este mundo cuyo eje central parece estar en Europa, a juzgar por la cantidad de apariciones internacionales que observo desde que llegué.
Otro de los trajines que me ha robado toda la energía –y las letras del blog- viaja paralelo con la mudanza. Como si dos migraciones se hubieran puesto de acuerdo para compartimentar el tiempo y hacerme olvidar -¡qué tontas!- lo revuelto que está el mundo árabe. Antes de comenzar a recoger nuestras pertenencias y empaquetarlo todo, mi mujer me había anunciado que estaba embarazada, con esa alegría espectacular que solo se puede ver en el rostro de una hembra encinta. Sus hormonas comenzaron a revolverse desde que hicimos el amor a final de año en una habitación de Calella de Palafrugell, según notó en su interior en la noche vieja, pero no fue hasta los días previos a la mudanza que confirmamos la gestación.
Lo que yo no sabía era que aquello, lejos de ser un problema adicional, era un cambio de rumbo muy profundo en mi vida, y un orgullo personal, dicho sea de paso. No solo me lo había pedido la edad que tengo, sino, además, lo solicitó mi madre el verano pasado en su lecho de muerte: “¡Tengan un hijo!”, suplicó en voz baja apretándome la mano derecha. Entonces, quizá por esto y por varias razones prácticas y espirituales –sin querer restarle méritos, como inspiración, a la Costa Brava catalana-, sucedió el “milagro” de la reproducción. Con 45 años, inexperto en guarderías, paralicé todo mi mundo en función de un cambio de casa en el que, por primera vez, mi mujer empaquetó todo pero no embarcó ni una caja. Se dedicó a vigilar el camión mientras dos pakistaníes y este servidor se echaban bultos en la espalda.
Así fue como llegamos a un precioso apartamento –más amplio según lo previsto- en el que hemos sobrevivido sin internet y sin combinaciones de zapatos y bolsos. En el vientre de mi mujer había algo vivo aunque abstracto, revolviendo todos los alimentos cada día y cada noche. Los vómitos fueron a más, por lo que pensé que debíamos realizar una visita a Urgencias de manera prioritaria. No sería la comida pre elaborada, calentada en el microondas la culpable de un cambio de régimen vital. No sería la angustia de la mudanza; no sería la ilusión de un nuevo espacio.
La ecografía mostraba claramente –antes los ojos estupefactos de mi mujer, porque a mí me dejaron en la sala de espera- un embarazo gemelar con dos placentas y dos bolsas amnióticas. Parece ser, según hemos podido reconstruir los hechos, que hubo dos fecundaciones producto de una doble ovulación. Sin quererlo conscientemente, estábamos cerrando el 2010 con importantes consecuencias para el futuro. Uno de los bessons –mellizos, en catalán- se produjo el 28, Día de los Inocentes, en la habitación de matrimonio que dejábamos atrás; mientras que el otro fue creado la noche del 31 en la escapada a Calella de Palafrugell, como símbolo marinero que une a Cuba con Catalunya.
Ahora sabemos más o menos lo que sucedió; por qué teníamos que cambiar de espacio y por qué el vientre de ella se portó “tan mal” desde finales de diciembre. Ahora -y al margen de las movidas con los transportistas y la difícil localización de algunas cajas- es que puedo continuar mi diario; con las metas cumplidas. Me refiero al reclamo de mi madre. O, lo que es lo mismo, al reclamo de la vida.

Foto del autor:
Artesanía en latón, tela y acuarelas que nos regaló una pareja de amigos el año pasado. Todo un vaticinio.

17 comentarios:

maria dijo...

La vida nos ha premiado con ser padres de jimaguas!! Que feliz estaría tu mamá.

Ahora te quiero por tres :))

Jorge Ignacio dijo...

ahora tenemos que ser consecuentes con ese premio. Gracias!TQ.

Inés Bobadilla dijo...

Desde el punto de vista maternal y paternal, lo tienen bien concebido, hasta el extremo de la fecundación ovular en paralelo. Tremenda sorpresa... Por naturaleza los bebés vienen sabios, pero estos vuestros dieron en la diana con la ampliación de la casa.
Me alegro mucho amigo mío. La vida guarda satisfacciones irrepetible, esta, es una de ellas.
¡ENHORABUENA !!!

gretteljsinger dijo...

ay, yoyi, cuánta alegría. muchas felicidades para los dos. maría debe estar en otro planeta. bueno, ya tú sabes, es una aventura que no tiene vuelta atrás, pero precisamente se trata de eso, de una fuerza que ya no te abandona nunca más. muchos besos

Miriela dijo...

Muchísimas felicidades!!! Ya extrañabamos Segunda Naturaleza pero no habría mejor motivo para ese alto en el camino. Bendiciones para ustedes y que disfruten mucho esta nueva etapa en sus vidas así como su nuevo hogar. Cariños Miriela

Ton dijo...

Yoyi!! Felicicidades amic! Un abrazo para María y otro para tí. Desde luego, estos bessons no podrían haber encontrado un mejor cronista. ¡Qué precisión (y qué punteria)en el día, el sitio y las circunstancias. ¿Es todo muy literario o es tu capacidad para literaturizar la vida? ¡¡Y cuántos capítulos por escribir!!

Ton

Jorge Ignacio dijo...

Gracias a todos.Quise compartir la noticia desde esta página que intenta recorrer el tiempo. No me esperaba en ningún momento ser padre al cuadrado. Ton: todo es muy literario porque la vida es así, lo que hay que buscarle los encajillos a los sucesos. Pero todo está concatenado. En este caso, no me he permitido licencia para la ficción, salvo un pequeñísimo detalle que no altera la historia. Un fuerte abrazo desde la nueva casa.

Rodrigo Kuang dijo...

¡Felicidadeeeeeeeee tuuuuuuuu!... Candela, jimaguas, yatusabe... Ahora es cuando é. Prepárate pa las noches sin dormir, hecho mierda pero felí como una lombrí. Ná, que la jevita te pidió un litro y le llenaste el tanque. ¡Así se hace!¡Ese es mi socito el Yoyi!

Silvita dijo...

"Los ibeyi son aliados de shangó que los quiere con delirio..." Besitos a los cuatro!

Silvita dijo...

http://cubayoruba.blogspot.com/2007/01/los-ibeyis.html

Tania dijo...

Estoy emocionada....¡qué manera tan linda de dar a conocer y compartir vuestra felicidad! Porque será eso, una felicidad enorme... la mayor que se puede tener en esta vida.¡Enhorabuena a los dos!Un abrazo.

Country Soft dijo...

Muchas felicidades a los dos.
La verdad que la vida nos pone a prueba y nunca se está lo suficientemente preparado para esto, pero por eso es bello, algo que vais a tener que ir descubriendo, poco a poco…
Pronto tendremos que poner una guardería para todos nuestros peques…
A ver si nos vemos pronto…vale?
Jorge, no había leído 2º naturaleza, y me ha encantado.
Aquí te dejo un texto que me transmite mucha serenidad, no es mío pero lo comparto con vosotros, porque creo, dice mucho del presente:
“Al borde de la nada, más allá del silencio, yo estaré preguntándome el porqué del olvido, la abrasada razón por la que el tiempo coloca amargas hierbas sobre nosotros.
Y una sustancia antigua como de tallos verdes, manará lentamente del silencio como única respuesta.”
Muchos besos ¡
Susana

Jorge Ignacio dijo...

Besos a ti, Susana. Ya pasé a ver tu blog. Espero nos veamos pronto. Es verdad que la vida nos pone a prueba.

Mari-Carmen Marcos dijo...

oh, los muñecos de la foto!! No los recordaba pero al verlos me suena que fuimos nosotros los que os los regalamos ¿o me he confundido? Son premonitorios!!! A ver si vienen nena y nene... en la variedad está el gusto :-)
Qué emoción todos estos cambios en la vida, es maravilloso. Besos

Jorge Ignacio dijo...

Fueron ustedes los premonitorios...esos muñecos vinieron de ustedes, Mari-Carmen, y a mí siempre me gustaron. Ahora entiendo por qué. Besos.

Anónimo dijo...

¡¡Ñóóóóóó!! No había leído esto... (bueno, en realidad, ahora no tengo mucho tiempo para leer nada). UN MILLÓN DE FELICIDADES A LOS DOS... ¿O A LOS CUATRO?

Qué maravilla, felicidad doble...

Besos y los mejores deseos de un feliz embarazo y parto.

Queseto...

El Luigi dijo...

Que maravilla Goyo, que maravilla!
El primo Luis