
Dicho así de golpe, la noticia aturde.
Es difícil relacionar Cuba con IKEA, a no ser por los
muchos exiliados cubanos que vivimos y morimos en esos grandes almacenes,
comprando con el catálogo en la mano y ensamblando luego nosotros mismos. Y
recordando, en mi caso, a mi padre, que adoraba el bricolaje y nunca tuvo la
suerte de pisar este gran territorio, donde todos los sueños se hacen posibles
sin tener que ser rico el comprador.
De manera que esta noticia que ahora recorre el mundo es
como mínimo surrealista.
Tal vez ni los propios directivos recuerden cómo se fraguó el percance,
pues ha pasado mucho tiempo y las partidas encargadas a Cuba, según dicen las notas
de prensa, fueron devueltas o no aceptadas por el control de calidad. El
vínculo con la isla surgió a partir de una empresa de la antigua Alemania oriental
–la mal llamada República Democrática-, que pasó el encargo a unos militares
cubanos. Y éstos al parecer fueron directamente a las prisiones, donde, por
cierto, hay muchos cautivos políticos.
En fin, que ocurrió lo que se conoce como subcontrata en
el mundo del mercado laboral, pero la Organización Internacional del Trabajo
(OIT) prohíbe por convenio universal que se utilice mano de obra de los penales.
A pesar de los años transcurridos, la empresa sueca tendrá que
responder por esto, y de hecho ya está en marcha una investigación.
Algunos congresistas norteamericanos de origen cubano han
leído la noticia aparecida en Frankfuter
Allgemeine Zeitung y han puesto manos a la obra enviando una carta de
reclamación a la portavoz de la multinacional sueca en los Estados Unidos, Mona
Astra Liss, quien prometió organizar un encuentro bilateral.
El gigante vendedor de artículos para el hogar tiene
instalada una de sus naves comerciales en Miami, al sur de la Florida, donde
viven cientos de miles de cubanos, en su gran mayoría expatriados por el
régimen de la isla.
Estaría por ver entonces si el destape del periódico
alemán produce una reacción en cadena en contra de IKEA, o si todo queda en una
anécdota del pasado.
Más datos sobre la investigación aquí.
Imagen superior: El autor del blog en IKEA, en Barcelona.
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