domingo, 31 de octubre de 2010

Pudiéramos reunirnos más



Para los etéreos como yo, que no cuentan el tiempo, las fiestas tradicionales vienen a ser un llamado de atención, un almanaque humano, un recordar de dónde somos y hacia dónde vamos. Pero nos reunimos instintivamente, sobrados de felicidad por volvernos a ver –y tocarnos- sin tener en cuenta que luego, al regresar a casa, recapitularemos nuestros proyectos de vida. Y nos miraremos en el espejo de refilón mientras nos lavamos los dientes antes de meternos en la cama.
¡Cómo hemos crecido de un año a otro!
Algunos tienen hijos de un año a otro, niñas o niños que hacen crecer el grupo. Algunos, como yo, vamos con retraso, aunque esa noche soñamos con una casa con jardín donde se mueva de lado a lado un hijo que a su vez juega con un perro.
Es el dibujo perfecto que el día a día nos coarta por el corretaje de los trabajos, los pagos al banco y los análisis de la prensa económica.
Anoche éramos doce adultos –iba a decir apóstoles, pero me contuve- y tres niños; dos de ellos ya con sus juguetes y otra, Olivia, que viene de camino.
Hicimos una Mesa Sueca –también se conoce como Mesa Bufet- en la que había platos típicos de los diferentes países de donde somos oriundos (España y sus ex colonias tuvieron una amplia representación). Comimos luego los panellets (dulces) catalanes que hizo con sus propias manos Mari-Carmen y hubo para acompañarlos un vino griego, dulzón, que se parece al moscatel, el que –si fuéramos de rigor-debía servirse.
Es un pretexto, ya lo sé, aunque no ignoro que de pretextos también se vive. No estábamos allí reunidos por los santos difuntos –esos se llevan siempre dentro-, ni por la víspera de Halloween, por mucho que nuestros supermercados de barrio nos vendan ahora las calabazas pintadas. Estábamos para comprobar que el tiempo pasa y que cada uno de nosotros nos aferramos a la vida saltando constantemente sueños rotos, unos sueños por encima de otros todavía vírgenes.
Al final, los emigrantes, que este año ya muchos estamos nacionalizados aquí, descubrimos que, en esencia, seguimos siendo los mismos.

Montaje fotográfico de Mari-Carmen Marcos. El año pasado también ella nos dejó este recuerdo

6 comentarios:

Robe dijo...

Bellas imágenes y mejor aún la historia. La dialéctica de la vida pudiera explicar todos esos cambios de un año al otro, al fin y al cabo ellos te esperan allí, sin que puedas controlarlos. Gracias por no usar la frase de los doce apóstoles, recordaría demasiado la expresión del tirano caribeño después del combate en Alegría de Pio, donde solo sobrevivieron doce. Casi que ya te veo en ese jardín, corriendo detrás de un vigoroso muchachito. Saludos Robe

Jorge Ignacio dijo...

jajja, Robe, el tirano nos ha usurpado hasta la Biblia, pero sabemos existir a pesar de él. Gracias a ti por pasar por aquí.

Guillermo Bernal dijo...

Me gustan estas fiestas entre amigos, sueños y esperanzas...Yo ya me acostumbré a dejar la nostalgia para poder estar tranquilo conmigo mismo. Hay mucho en la mochila y ahí se queda hasta una nueva oportunidad de sacarlo poco a poco. Todo llega cuando uno menos se lo propone. Buscar es tal vez desesperarse por alcanzar rápidamente lo que uno anhela. Hay que darle una oportunidad a la vida de que nos sorprenda gratamente, entonces vendrán otras ocupaciones, otras risas, otras alegrías.Yo soy de los que mira el vaso medio lleno y me entusiasma la idea de que me queda mucho por hacer... libera tus energías, tu manera de hacer bien lo que te propones. No pienses que la vida se acaba todos los días, al contrario cuando sale el sol comienza un nuevo día, una nueva manera de enfrentala para volver a vivir al día siguiente. No quemes etapas. No has llegado al fin.
Un abrazo y felices fiestas, aunque realmente no sé qué se celebra.

Bárbara Behs dijo...

Lindo lo que has escrito Jorge!

Mari-Carmen Marcos dijo...

Así es, Jorge, las fechas que el calendario marca en rojo son una llamada de atención, una parada en el ajetreado día a día, para recordarnos que somos lo que somos porque hay más gente alrededor, gente a la que queremos, y que cuanto más la vemos y la tocamos más ganas tenemos que repetir. Somos adictos al cariño.
Revisemos cuándo hay otro día en rojo, o pintemos de rojo cualquier otro día.

Silvita dijo...

Nosotros, los de entonces, siempres somos los mismos! Que se cumplan esos sueños!