lunes, 15 de agosto de 2011

Los padres de Jùlia



Compañeros de viaje en la recta final. Crónicas desde Can Ruti (XX)

La habitación 19 acaba de entrar en dinámica final, en este largo viaje hacia la maternidad (y paternidad), cuyos días se han vuelto particularmente extensos. También días intensos, de dormir poco o dormir mal.
Cristina y Antonio, quienes nos acompañan en la cama contigua, salen de cuentas esta semana, pero no porque el embarazo de ella haya llegado a término de crecimiento: El vientre de la muchacha alberga seis miomas junto con la criatura, la pequeña Jùlia. Su bebé pesa alrededor de 1,300 kilos y será prematuro, a las 32 semanas. Los miomas han echado un pulso. Los médicos extraerán a la niña antes de que la madre corra el riesgo de perder la matriz. Se trata de un equilibrio sostenido por los especialistas, que seguramente dejará un saldo positivo en sus vidas cuando todo esto haya terminado. La modernidad, por suerte, también ha traído avances tecnológicos que permiten observar procesos complicados de gestación y llevarlos hasta el límite del riesgo materno/fetal.
En estos días hemos sabido que los miomas, esos monstruos uterinos que se alimentan de hormonas, son mucho más comunes de lo que uno pueda sospechar. También aprendimos a no temerles demasiado cuando existen medios científicos al alcance de las manos. Los padres de Jùlia se están preparando para una cesárea programada, psicológicamente, digo. La retaguardia está cubierta en casa con cuatro abuelos desvividos por la llegada de la niña.
Al lado de Cristina y Antonio nos estremecemos María y yo. Este jueves retirarán el medicamento fantástico que frena las contracciones no efectivas de mi mujer. Dicho esto con toda claridad por parte del doctor Adriá, que pasó visita esta mañana, los mellizos Marc y Lucía podrán ver la luz a finales de semana. Nunca imaginamos que el viaje en Can Ruti terminaría con unos compañeros para desembarcar. Un equipo de expectantes primerizos está recogiendo los bártulos en estos momentos, todo aquel material didáctico y lúdico que desplegamos en El Hotelito para pasar mejor los días y las noches. El final –repito, no previsto- parece estar ambientado por más personajes: la pequeña Jùlia y el pequeño Marc estarían en la Séptima Planta, en Neonatos, y Lucía, la niña de los rosquitos, durmiendo con nosotros las primeras noches en la Cuarta, hasta que den el alta médica a las madres.
Antonio y el que escribe están nerviosos. De nada nos vale pensar en los chiringuitos de la playa que tenemos a solo un paso. De nada nos sirve el arrullo del mar. Estamos hechos flanes caseros, y nunca mejor dicho. Los flanes de la calle suelen ser más duros. Es posible que, en nuestras mentes masculinas, nos hayamos puesto a parir antes que ellas. Solo nos queda bajar a fumar los últimos cigarros y hablar de platos regionales en voz alta. Antonio es un cocinero mediterráneo y, si no recuerdo mal, lo último que yo vendí fueron electrodomésticos en una tienda. O sea: nos complementamos de alguna manera.
Pero primero está la causa común: Atemperar nuestros nervios de padres inexpertos.
Antonio es grandísimo. La pequeña Jùlia flotará en sus brazos de chef. Por razones de fuerza mayor, en lo adelante, el papá compartirá con ella elucubraciones de eso que llaman Cocina Creativa.

(Continuará…)

Foto del autor
Cristina y Antonio. Once años de casados y ahora el reto de luchar juntos contra seis miomas. Están a punto de ganar la partida.

2 comentarios:

Charlene Dilla dijo...

y ya están listas las cunas? felicidades para ustedes

Jorge Ignacio dijo...

oh, voy con retraso, pensando que los niños, los dos, estarían juntos un tiempo en incubadora en el hospital. Ahora parece que me pilló el toro... también dicen que da mala suerte montar las cunas antes de que nazcan...estoy hecho un lío. pero primero van a unos moisés, de manera que me dará tiempo a montar las cunas luego, y así me curo en salud, como dicen en España. Un abrazo, Charlene. Este fin de semana creo que ya estarán por aquí los ibeyis.