lunes, 29 de agosto de 2011

Otra de flores, por favor



La vuelta a casa se hizo bastante dura, sobre todo porque dejamos a Marc engordando en Can Ruti. El pequeño continúa ingresado en la sala de neonatología, al cuidado de unas mujeres verdaderamente entregadas a su profesión.
Lucía, en cambio, ipso facto, ofreció notas de color a nuestras vidas. Se acopló a la sillita de retención del automóvil como si continuara en el vientre de su madre. Su diminuto habitáculo es redondo, acolchado, con tapasol y en general diseñado para proteger a la criatura de un aterrizaje forzoso, si fuera necesario. El problema continúa siendo nuestro, ya que la niña donde único no llora es ahí, en ese huevo de plástico y lona.
María va recuperándose lentamente de la cesárea. Le han practicado una incisión bastante larga –por la urgencia, supongo-, aunque, de regalo, cerraron la herida con una costura estética interior. Por afuera solo se ven unas tiritas de papel perpendiculares al corte. Al secarlas después del baño, las tiritas me recuerdan aquellos “puntos de mariposa” que hicieron época en Cuba, en mi infancia de terror a las batas blancas.
Con el ingreso estival que acabamos de vivir -¿Quién me ha robado el verano?, diría Sabina-, el resto del mundo suele pasar a un segundo plano, incluyendo la postergación de esa isla empeñada en sustraernos el alma. Se nos olvida que somos exiliados porque tenemos que actuar como seres comunes. Tenemos la premura de inscribir a nuestros hijos en un registro civil.
El otro día soñé que estaba en una cafetería y, en lugar de tapas y cervezas, ordené otra ronda de flores. Los dependientes trajeron un ramo surtido, con unos girasoles encajados. Me dijeron que se utilizan para hacer limpieza en las casas, que recogen las malas energías pululantes.
“Cuando se hayan marchitado del todo”, rezaba una leyenda al pie de la floresta, “tendrán al pequeño Marc con vosotros”. Entonces, en el sueño, junto con los girasoles, caían los últimos dictadores de la Tierra, uno detrás del otro, comenzando por el coronel Gadafi que estaba escondido como un ratón.

Foto del autor
Este segundo arreglo floral lo enviaron dos amigas de María al hospital y luego lo trasladamos a casa.

4 comentarios:

en tierra firme dijo...

Ya extrañaba tus entradas. Sé lo difícil que es dejar a uno de los mellizos en el hospital y tener a otro en la casa. Algo extraño que me sucedió es que he olvidado prácticamente esa semana en que solo Santiago estuvo con nosotros. Los recuerdos me llegan cuando los dos se encontraron; cuando los coloqué encima de la cama y ellos se miraron, creo, que por primera vez.
Besos para María, que las cesáreas son muy, muy dolorosas.
Un abrazo para ti Jorge, que Marc llegue pronto a casa.

Silvita dijo...

Ay, los punto de mariposa! Qué recuerdo de la infancia!
Espero que Marc esté pronto en casa con ustedes! Y que el dolor se alivie pronto para María.
Te contaré que por acá tampoco hemos tenido verano, pero sin bebés que me consuelen. Ha sido un largo otoño verde, con cielos grises, mucho frío, lluvias sin fin, algún que otro día de sol, muy aislado. Nos sentimos todos cansados, y muy frustrados. Es que aunque parezca una bobería, o una malcriadez, no es tal: en los países nórdicos se necesita el verano y su luz, su calor, su sol, para afrontar el invierno... casi escribo infierno, pero no es para tanto.
Cariños y abrazos!

Anónimo dijo...

A la vuelta de los girasoles ya sin petalos.......habra de seguro menos dictadores en la Tierra y una vida nueva en el cuerpo de Marc de regreso a casa.....no lo dudes!!FELICIDADES!!
Ya aprendiste a "no dormir jamas"?
ROBERTO.

sonora y matancera dijo...

felicidades, Ignacio, que larga ha sido la espera...