sábado, 16 de julio de 2011

Algunos médicos sueltan prendas



Crónicas desde Can Ruti (IX)

El jovencísimo Doctor Adrià, de guardia ayer, se empapó con nosotros. María lo presionó con esa mirada en contrapicado, digna de compasión, desde la cama, esa mirada todopoderosa que tienen las embarazadas. Más aun las gestantes de embarazos múltiples.
-Prefiero que me hablen claro. Estoy dispuesta a todo menos al silencio. ¿Qué tiene el niño que no coge peso?- preguntó, grosso modo, al facultativo.
El ginecólogo se sentó a su lado, en el bordillo de la cama. Yo había salido para dejarles intimidad, aunque me habían autorizado a quedarme. Fue María quien me reprodujo la conversación:
Resulta que Marc, el pequeño Marc, parece tener un cordón umbilical estrecho, de poco calibre, digamos. Y por eso no le pasan los nutrientes necesarios. Esa es una posibilidad. La otra, que haya más capilares ramificados en la placenta de Lucía.
El Doctor Adrià prefiere esperar una semana más para ver si Marc engorda algo; de lo contrario, extraerían a los muchachos y todo habrá terminado.
Bueno, el alumbramiento, luego de un mes en el hospital, habrá ocurrido en ese caso, pero quedarían en lo adelante unas cuantas semanas de incubadora.
Parece ser que la hipótesis maternal de María tiene algún fundamento: El niño está de cabeza, encajado en el bajo vientre, dispuesto a salir, porque adentro no encuentra más crecimiento. La naturaleza es sabia, pero esto, repito, no es más que una suposición de la madre.
Ya María ha cumplido las 31 semanas y comienza a vivir la 32. Todos los embarazos gemelares no son iguales. En el mismo pasillo está Sonia, también con dos niños dentro y también de ambos sexos. Sonia está en la semana 36 y sus hijos no quieren salir. Le han quitado toda la medicación y le han dicho que camine. Ella, más alta y más delgada que María, deambula por los corredores esperando una señal. También hace una escala técnica en nuestra habitación para saludarnos, para ofrecerle ánimos a María.
A nosotros solo nos resta esperar.
Ahora es menos duro el paso del tiempo. Ya estamos acostumbrados a los espacios del hotelito, a que cambien las sábanas diariamente, a que, cada veinte minutos, incluso de madrugada, entre una enfermera preguntando si necesitamos algo.
María lee un libro en francés, la novela Odette Toulemonde, de Èric-Emmanuell Schmitt. Yo leo a Reinaldo Arenas en la compilación de cuentos Adiós a mamá. Ya sé que no es ideal para estos momentos, pero este libro cayó al suelo desde mi estantería, mientras buscaba algo para traerme a Can Ruti. Me dejo llevar por los simbolismos, algunas veces.
La España Profunda nos ha dicho que no montemos las cunas hasta que los niños nazcan. En realidad, no las he montado por falta de tiempo, por finalista, pero lo cierto es que aún están plegadas en sus cajas de IKEA.
Claro, con estos acontecimientos tendremos largas sesiones de incubadora o, si se tercia la historia, en casa hay, además, dos moisés esperando.

(Continuará…)

Foto del autor
Cunitas móviles, preparadas en Planta para los nacimientos.

Ya María no escoge menú a la carta. Le han ordenado dieta rica en fibra. Ésta viene directa
GI 19A (CR) GINE
BÀSICA RICA EN FIBRA
Amanida destil
Gall dindi forn amb salsa de poma
Panet integral envasat
Fruita
15/07/2011 Cena

2 comentarios:

Anónimo dijo...

... me gusta saberme la historia antes q salga publicada, jeje, que lujo! Pronto veremos la luz y las boquitas de los mellizos, esas dibujadas que nos mostraron las eco en 4D, las q se parecen a papá! Wao, que orgullo! Como decía mi padre:- Que linda es la niña... - Claro, igualita al padre! Ciertamente es puro orgullo pq soy igualita a mi madre, ella es más wapa.
Les pondrás los muñequitos rusos? En honor a la magnífica ecógrafa, al menos... les quiere mucho, La Faby

Charlene Dilla dijo...

las madres siempre saben. Un abrazo y buen domingo